Para entender la administración Lula debemos partir de dos premisas: no se hizo una revolución, se ganó una elección; no se llegó al poder sino al gobierno. Una revolución afecta no sólo al carácter del gobierno sino también a la naturaleza del poder. Comienza por estigmatizar a los adversarios como enemigos, a los críticos como traidores, y a veces –desde Robespierre a Mao- castiga con la muerte a los que se oponen al proyecto revolucionario. Ganar una elección es muy diferente. Significa respetar el juego ...
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