En el final de la década de los 70, Lula y yo actuábamos en la misma ciudad, Sao Bernardo do Campo. El cómo líder metalúrgico, yo como asesor de la Pastoral Obrera. Sin embargo, sólo nos conocimos personalmente en enero de 1980, en Joao Monlevade.
Participamos juntos de la toma de posesión de Joao Paulo Pires de Vasconcellos, electo presidente del sindicato de los metalúrgicos de la Compañía Belgo Minera.
Al salir de la prisión, en 1937, pasé 5 años en Victoria, invernando en la favela del morro de Santa María. Me dediqué a la organización de las comunidades eclesiales de base (CEB) que, multiplicadas, llegaron a 100mil en todo el país.
En 1978, Fernando Henrique Cardoso (FHC) me invitó a una conversación en Sao Paulo, con la presencia también de Plinio de Arruda Sampaio y Almino Alfonso. Estaban convencidos de que la dictadura llegaba a su agonía. En breve, la apertura política propiciaría el surgimiento de nuevos partidos. En el bolsillo de su chaleco, ellos traían del exilio el proyecto de fundación de un partido socialista.



Todos los contenidos de Vinculando.org pueden ser accesados aceptando una