Cuenta la Biblia, en el capítulo 16 del primer libro de Samuel, que, al escoger un nuevo gobernante para su pueblo, Dios envió a Belén al profeta Samuel. Uno de los hijos de Jesé, señalado por Samuel, sería el escogido de Dios. Primero apareció Eliab. Yavé Dios alertó al profeta: "No te dejes impresionar por su apariencia o estatura. No es éste el que yo quiero, porque Dios no ve con ojos humanos. El hombre mira las apariencias, Yavé mira el corazón" (v. 7).
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