La cafeticultura en México y el mundo se ha caracterizado por ser una actividad llena de gran incertidumbre debido a múltiples factores de orden político, económico, social, climático, etcétera. Esta incertidumbre afecta a toda la cadena de producción, procesamiento y comercialización del grano en cada país productor, siendo el sector de pequeños campesinos la que reciente sus efectos negativos con mayor intensidad al mismo tiempo que grandes empresas transnacionales reportan ganancias récord en este giro.
Esta situación se agudizó a partir de 1989, año en el que desaparecen las cláusulas económicas que regían el comercio internacional del grano, y que eran establecidas por la organización internacional del Café (OIC), para entrar a una nueva etapa de libre mercado. El nuevo escenario internacional de la producción y venta del aromático propició que todas las existencias del grano fueran ofrecidas en los mercados internacionales, ocasionando con ello una fuerte caída en las cotizaciones de esta materia prima.



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