A partir de la búsqueda de nuevas alternativas para mejorar las condiciones de vida de los pequeños productores, en 1988 surgió la primera iniciativa que buscaba incorporar al comercio convencional los productos de las organizaciones de los llamados países del sur, en vez de seguir manteniéndolos en espacios reducidos sólo para consumidores políticamente comprometidos.
Lo que entonces tomó el nombre de comercio justo era un esquema que buscaba incorporar al mercado convencional los productos de las organizaciones del sur con base en su calidad y precio, y ya no apelando a esquemas de solidaridad o caridad como primer argumento de ventas. Además, uno de los elementos importantes lo constituirían los propios actores comerciales ya establecidos (empresas, torrefactores, procesadores y comercializadores). Esta característica también difería de los métodos empleados anteriormente, en tanto que antes todo el proceso se llevaba a cabo sin la participación de actores comerciales ligados al mercado convencional.
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