Movimientos Transnacionales Solidarios y estrategias intangibles

Dentro de la teorización actual de los Movimientos Sociales Transnacionales, se podrían identificar dos esquemas principales: la Teoría de Movilización de Recursos (RMT) y en un menor grado la Teoría de los Nuevos Movimientos Sociales (TNM’s).

Parecería que tanto una como otra parecen haber sido hechos para satisfacer tipos específicos de movilización social. La TNM’s, que procura reemplazar el análisis basado en cuestiones de clase, ha sido representada como centrada en agentes urbanos, en la producción de signos, significados y prácticas, en aspectos culturales de ámbitos como el ambientalismo, el pacifismo, los derechos de la mujer, los derechos de los gays, los derechos de las minorías, movimientos estudiantiles y juveniles; en pocas palabras en identidades múltiples y en el “¿por que?” (Escobar y Alvarez, 1992: 2; Alvarez, Dagnino y Escobar, 1998: 4, Edelman, 1999a: 17). La Teoría de Movilización de Recursos (TMR), a su vez, ha sido considerada como un paradigma orientado hacia las estrategias, y preocupada por el “¿cómo?”. En palabras de Edelman:

la Teoría de Movilización de Recursos se ha enfocado en:

… la construcción de ‘industrias de los movimientos sociales’ compuesta por “organizaciones de movimientos sociales”, considerando a la acción colectiva principalmente como política de intereses de grupo llevada a cabo por grupos socialmente conectados en vez de aquellos más incipientes. Los “empresarios” de los movimientos tenían la tarea de movilizar recursos y canalizar el descontento en formas organizacionales. La disponibilidad de recursos y las estructuras de preferencias se convirtieron en los focos centrales de estas perspectivas. Las estructuras de disponibilidad y preferencia del recurso se convirtieron en los focos centrales de la perspectiva, mas que las bases estructurales del conflicto social… (Edelman, 2001: 289).

Asimismo el paradigma de TMR ha tendido a desatender las situaciones en las cuales los movimientos sociales, generalmente originados entre los más pobres, han emergido con pocos recursos o poca organización. Cuando ambos grupos, favorecidos y perjudicados económicamente convergen en forma de coaliciones entre sus constituyentes globales y locales, las posiciones encontradas al interior tenderán ó se verán forzadas al diálogo.

De esta manera se puede dar lugar a perspectivas eclécticas que tomen ventaja de esta diversidad de formas de conceptualización de los fenómenos sociales sin oponerse uno al otro y al mismo tiempo exponiendo la complejidad de las interacciones entre los movimientos, yendo más allá de esquemas aislados, y demandando diferentes perspectivas para abordar las complejas interacciones derivadas de estas formaciones transnacionales.

Este trabajo utilizará alternativamente la variedad de definiciones derivadas de las teorías de TNM’s y de la TMR. Esta ultima será especialmente acentuada debido a la falta del desarrollo del TNM’s para abordar los aspectos globales y rurales de las luchas campesinas (Stammers, s/f: 4, Edelman, 1999a:17). No obstante la TNM’s está bien equipada para el análisis de valores y recursos simbólicos (Edelman, 2001: 289) mismos que son abordados en este documento.

Mientras nuevas formas de política son creadas debido al fenómeno de la globalización, el cruce de fronteras y la interrelación con otras estructuras de acuerdo a diferentes formas de globalización (ej. la información), los movimientos sociales difícilmente podrían ser la excepción si es que quieren enfrentarse a fenómenos de esta escala. Se revisan aquí algunas teorías sobre la transnacionalización de los movimientos sociales para situar los estudios de caso dentro de los enfoques existentes, y se sugieren otras áreas para una exploración mas amplia en caso de ser superadas por las nuevas y cada vez mas diversas manifestaciones.

1. Teoría de Movilización de Recursos y las Redes Transnacionales Informales.

La primera de estas áreas se relaciona con la Teoría de Movilización del Recursos. Olesen se basa en ella para su conceptualización del “Marco Transnacional”, afirmando que la aparición de una nueva forma de solidaridad transnacional, conocida como “Solidaridad mutua”, se manifiesta a través de redes informales (2001: 1). Estas Redes Transnacionales Informales de Solidaridad (RTIS) se construyen a través de ciertos “centros simbólicos”, y son expresiones del “contra-públicos”. Olesen subraya el concepto de “cadenas de equivalencia” como un proceso construido socialmente, opuesto a nociones auto-marginales de las políticas de la diferencia, por lo que, las RTIS son resultado de una construcción social. Según el autor, esto se explica mejor a través del concepto del “Marco”, construido por medio del análisis social de los movimientos como “…procesos de interpretación de la realidad y de su forma de sentirse agraviados a través de los cuales los movimientos sociales procuran obtener apoyo” (2001: 2-3). El autor adopta la definición del “Marco Transnacional”, para desarrollar su explicación sobre cómo las RTIS se construyen socialmente en este proceso. Según este esquema, son necesarios cuatro factores para asegurar un “Marco Transnacional” adecuado:

- Adaptación a los sistemas de creencias de la sociedad, lo que implica cierto grado de sentido global, como manifestación previa de solidaridad o como algo construido durante el proceso.

- La adopción de un “Esquema de Injusticia”, es decir, la definición un problema (los procesos de reestructuración neo-liberal en este caso) y la propuesta de una solución a través de la acción colectiva.

- La coincidencia con un ‘Esquema Maestro’ (Master Frame) latente (en este caso, la extensión de ideas sobre los derechos humanos tras el final de la guerra fría), lo cual viene a ser considerado como una Oportunidad Política.

- Credibilidad empírica y diseño de formas de medir las experiencias (ó compatibilidad con las experiencias de los potenciales grupos-objetivo) a través del Internet (Olesen, 2001: 3,14).

2. Oportunidades políticas y Opciones estratégicas

J. Smith, R. Pagnucco y C. Chatfield elaboran otro marco teórico para el estudio de movimientos sociales transnacionales a la luz de la Teoría de la Movilización de Recursos. Ellos muestran que a pesar de la diversidad de agentes movilizados y de su grado de coordinación formal, las diversas oportunidades políticas que enfrentan en tres diversas arenas específicas influyen sobre sus opciones estratégicas. Por su parte, la intervención de los Movimientos Sociales Transnacionales en los procesos políticos nacionales, Inter-gubernamentales, y trans-gubernamentales alteran la percepción de los tomadores de decisiones, impactando de manera directa las políticas globales (1997: 59). Este impacto esta condicionado por sus estructuras de movilización; por las oportunidades políticas inherentes en los contextos nacionales, intergubernamentales, y no gubernamentales; así como por las estrategias para movilizar recursos (1997: 60). Las configuraciones mas elaboradas son las estructuras formales de movimientos, consistente en Organizaciones de Movimientos Transnacionales (OMT’s), Organizaciones de Movimientos Sociales (OMS’s) nacionales, y coaliciones transnacionales de ONG’s construidas para alcanzar compromisos específicos con el movimiento.

En el caso de la integración de redes sociales informales, el concepto de “Redes Temáticas" ó "Issue Networks" es útil para explicar la importancia de la participación de conjuntos de activistas y organizaciones, de creadores de políticas, de funcionarios intergubernamentales, de medios y fundaciones. Habiéndose reunido para alcanzar un propósito común, estas redes contribuyen a la comunicación y a la coordinación de su estrategia, facilitando de tal modo la acción del movimiento (1997: 64-65).

La idea de Estructuras de Oportunidad es desarrollada por Smith, Pagnucco y Chatfield en el contexto de MST’s, con el fin de remarcar que los factores mencionados en el ambiente político y social de los movimientos son claves para facilitar y/ó constreñir el cambio social. Estas oportunidades se estructuran en tres áreas principales de la toma de decisiones políticas: nacional, intergubernamental, y transgubernamental (1997:66-67). Otro factor además de las Estructuras de Movilización, y las Estructuras de Oportunidad, son las Estrategias del Movimiento, las cuales son decisiones tomadas para maximizar la eficacia de los esfuerzos colectivos con el fin afectar la creación de políticas o de otra manera, alterar el ambiente político (1997: 70-71).

Las OMT’s poseen dos opciones estratégicas diferentes: En primer lugar las Estrategias de Movilización, que procuran atraer recursos y nuevos activistas; y en segundo lugar, las Estrategias de Acción, es decir, actividades que los movimientos sociales emplean como medio de influencia política (1997: 70-71). En un capítulo más adelante, este último elemento será importante para examinar el papel de los Movimientos Sociales Transnacionales enfocados a generar un cambio en las reglas del comercio mundial, especialmente respecto al señalamiento de los autores en el sentido de que las Organizaciones de Movimientos Sociales Transnacionales (OMST’s) sirven como “vehículos para la difusión de valores, de esquemas, tácticas, y de prácticas entre diversas poblaciones nacionales”. Los autores sugieren que las OMST’s influyen sobre los resultados de decisiones políticas globales de tres formas principales: atrayendo la atención de élites globales hacia asuntos específicos; aconsejando gobiernos sobre posibles problemas; y motivando la rendición de cuentas de los gobierno a través de su presencia, su interacción y la formación de procesos políticos generados por la propia política global (1997: 73-74).

3. El Altruismo Político

En un tercer marco teórico, Marco Giugni y Florence Passy analiza los movimientos de solidaridad a través del concepto del Altruismo Político, que Passy define como todas aquellas acciones: a)Desempeñadas colectivamente, b) Que tiene un objetivo político y c) Que sus resultados son de beneficio para otros. Tales características podrían considerarse además dentro de la perspectiva de Bar-Tal (Passy, 2001:6), quien considera cinco condiciones para que se de el altruismo político: a) Deben beneficiar a otras personas, b) Deben ser realizadas voluntariamente, c) Deben ser realizadas intencionalmente, d) El beneficio debe ser la meta en sí misma, y e) Deben ser realizadas sin contar con ninguna recompensa externa. Passy compara las acciones llevadas a cabo por los movimientos de solidaridad con el altruismo político. Este último lo define como las “…acciones colectivas realizadas a nombre de la gente y construido sobre un resquicio político específico […] esta embona en un ambiente social específico que le provee de recursos políticos y culturales…”, y al mismo tiempo interviene en otras áreas y niveles (Passy, 2001:6-8, 18). Los movimientos de solidaridad se basan así en recursos culturales y políticos, entendidos como Esquemas Maestros o “Master Frames” que enmarcan el ejemplo sobre los derechos humanos utilizado por Passy, y es útil también para los estudios de caso de la quinta sección de este documento:

El mundo cristiano provee al movimiento de la idea de ayudar a su vecino, proveyéndole de amor, ayuda, protección, y cuidado. Del componente humanista del siglo de las luces, el movimiento de solidaridad parte de un discurso coherente que pugna por el respeto de los derechos humanos y de las libertades in
dividuales. Finalmente, el movimiento socialista en formación puso al frente el ideal de una sociedad más justa y más igualitaria (Passy, 2001: 8-9).

Passy define otra particularidad del movimiento solidario contemporáneo. Se mueve en los mismos niveles de intervención que cualquier otro movimiento social. Se dirige a gobiernos nacionales y autoridades locales, pero se distingue porque se mueve especialmente en el nivel internacional. El hecho de que el movimiento actúe a menudo a nombre de la gente en otros países ha facilitado su extensión hacia la arena internacional (2001: 12). Simone Baglioni analiza brevemente la evolución histórica de las Organizaciones de los Movimientos Solidarios (OMS’s), subrayando la importancia tanto de la caridad cristiana, como del liberalismo político en la construcción de dichas redes (2001:220). En ese tenor Giugni sostiene que la creencia y los valores religiosos son una de las causas principales de la participación en organizaciones y actividades no lucrativas (2001: 236, de Ranci), quizás debido al énfasis cristiano en ocuparse de otras personas y dar ayuda a personas o grupos excluidos, lo cual (entre otras motivaciones) proporciona una fuerte justificación, de la cuál se parte para obtener los recursos que se invertirán en el movimiento. Esta clase de tradiciones culturales o “Master Frames” provee al movimiento, no solamente de recursos culturales y simbólicos, sino también de recursos sociales, materiales y humanos. Tanto Giugni como Olesen (2001) concluyen que la lección más importante es que el comportamiento altruista es producto de situaciones y de circunstancias conocidas como relaciones sociales (Giugni, 2001: 236-237, 243).

4. Movimientos pragmáticos, pesimistas y transformacionalistas.

En un cuarto acercamiento, C. Eschle y N. Stammers presentan una manera diferente de abordar la relación entre los movimientos sociales y el cambio global: una clasificación del estudio del activismo social de los movimientos de la siguiente manera: pragmáticos, pesimistas, y transformacionalistas. La perspectiva pragmática, identificada con perspectivas oficiales, se sustenta en la organización formal y considera el interfaz entre el estado y las organizaciones civiles como la base pacífica de vida política: la arena apropiada para la democracia y la fuente del cambio social a través de la formación de políticas. Los pesimistas, generalmente desde el enfoque marxista, post-estructural, y ecologista, consideran las OSC’s como aquellas que actúan en el nombre de los intereses dominantes de la política corporativa. En pocas palabras, consideran que las posibilidades de cambios radicales a nivel global son extremadamente limitadas. Los transformacionalistas a su vez, ven la acción global de los movimientos sociales y de sus organizaciones como un factor determinante para la emancipación y el cambio social. Dentro de esta última categoría la perspectiva utópica tiende a percibir unidad y homogeneidad en los movimientos sociales, su organización y sus metas; y el enfoque crítico transformacionalista… “es más sensible a las diferencias substantivas y de organización entre los movimientos y dentro de ellos, así como con los problemas del poder y las oligarquías” (Eschle y Stammers, s/f: 4-5). Los problemas subyacentes en cada una de estas perspectivas, incluyen las diferencias que se dan en las formas ideales de estos conceptos, la comprensión y la conceptualización de movimientos, redes, organizaciones, y niveles de acción; así como el descuido, principalmente por parte de los pragmatistas y los transformacionalistas, de las dinámicas y posibilidades oligárquicas y democráticas en el ámbito del activismo y las OMS’s (Ibíd.: 7-13). Los autores argumentan la factibilidad de adoptar una perspectiva multidimensional para el análisis de la globalización, sintetizando la conceptualización de esquemas fijos, y reconociendo “…las relaciones mutuamente constitutivas entre lo local y lo global”. Al mismo tiempo se señala la tendencia en el activismo formal e informal implicado en los MST’s para combinar en complejas configuraciones medios expresivos e instrumentales en la aplicación de sus estrategias, pero incluyendo un concepto de red de movimientos sociales y de “modos informales de activismo”.

Eschle y Stammers destacan la distinción entre organizaciones y redes de interacción informales como constituyentes de movimientos sociales (Ibíd.: 24). En su análisis adoptan la definición de Diani sobre movimiento social, definido como “una red de interacciones informales entre una pluralidad de individuos, grupos y/o organizaciones, comprometidos con un conflicto cultural o político, con base en una identidad colectiva compartida” (Eschle y Stammers de Diani, 1992), agregando que “tales redes del movimiento deben de abarcar necesariamente grupos informales y un activismo extra-institucional” (Eschle y Stammers, s/f: 16). Para los autores es necesario un acercamiento más ecléctico, con el fin de ir más allá de los límites teóricos y disciplinarios, así como para superar la dicotomía global-local e incluir mayor investigación de campo (Ibíd.: 24).

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