La globalización representa una nueva etapa en el proceso de cosmogénesis y de antropogénesis. Tenemos que entrar en ella. No de la manera que las potencias controladas del mercado mundial quieren –mercado competitivo y nada cooperativo-, solamente interesadas en nuestras riquezas materiales, reduciéndonos a meros consumidores.
Nosotros queremos entrar soberanos y conscientes de nuestra posible contribución ecológica, multicultural y espiritual.
Se percibe un desmesurado entusiasmo del actual gobierno por la globalización. El presidente habla de ellas sin los matices que situarían con la debida luz nuestra singularidad. Posee capacidad para ser una voz propia y no eco de la voz de los otros.
Estamos viendo la represión y los resultado del proyecto neoliberal en todos los ámbitos. Pero son los obreros y los indios quienes más vienen sufriendo los dolores de ese proyecto de muerte. Militarización, masacres, destrucción del ejido, reforma del 27 constitucional, de una parte; por otra desempleo, bajos salarios, destrucción de la planta productiva y ahora reforma de la LTF y del 123 constitucional, en medio de la gran recesión económica son las políticas y los resultados del proyecto neoliberal que actualmente aplica en México el gobierno del presidente Zedillo. Siempre, pero ahora con todos sus poderes copota o reduce al silencio a las voces disidentes.
Muchos... hace muchos años, las lagartijas vivían en el bosque. Sus colores eran muy variados: blancos, negros, rojos, amarillos.
Pero en una cosa eran iguales: todas eran pequeñas, eso era bueno.
Cualquier hueco del árbol les servia de abrigo.
Cualquier pedazo de hoja o cualquier mosca les bastaba para comer.
No les faltaba abrigo, no les faltaba comida.
Ser pequeño tiene sus ventajas, se sobrevive con poca cosa.
Una libélula recién nacida que flotaba con sus alas sobre el agua transparente del riachuelo, vio, inmóvil, sobre una piedra, a una tortuga que tomaba un baño de sol.
Espantada, ante esa cosa tan extraña, se posó sobre una flor de alelhí para ver mejor.
La tortuga pensando que la libélula estaba admirándola, le dirigió la palabra:
-Entonces, ¿buscas modelos que imitar?
La libélula dio un salto, asustada. Nunca había oído un sonido tan grave y tan pastoso.
-Pensé que usted estaba muerta, de tan inmóvil. Dijo en tono de disculpa.
-Tú tienes mucho que aprender. Dijo la tortuga con voz magistral.
El mundo de los niños no es tan risueño como se cree. Existen miedos confusos, difusos; las experiencias de las pérdidas; animales, cosas y personas que se van y no regresan... lo oscuro de la noche: donde el mundo entero se ausentó. ¿Regresará?
A los mayores no les gusta hablar de esto e inventan historias de niños y niñas donde muestran sólo sonrisas. Tal vez para convencerse a sí mismos de que su propia infancia fue agradable...
Escribí los cuentos de la Colección historias para pequeños y grandes en torno de temas dolorosos, que me dieron los niños. No es posible hacer de cuenta que ellos no existan. A los malos espíritus los espantamos llamándolos por su nombre real... El objetivo de las historias es poner nombres, es dar a los niños símbolos que les permitan hablar sobre miedos. Y es siempre más fácil hablar de uno mismo haciendo de cuenta como si se hablara de flores, sapos, elefantes, patos...
Me puse triste al ver aquel papalote enredado en las ramas del árbol. Roto, el giraba y giraba al viento, como si quisiese huir.
Pero no lo conseguía. Tu ya viste aquellos animalitos con alas, cuando caen en la tela de una araña? Era de esa forma...
Tuve dolor. El papalote no fue hecho para acabar así. El papalote fue hecho para volar.
Y es tan bonito cuando lo vemos allá en lo alto...
Yo siempre tuve ganas de ser un papalote.
Muy liviano, sin llevar nada encima (lo que es pesado empuja a la gente para abajo... Papel de china, carrizo fino que amaciza sin quebrarse, bien fuerte. Un poco de engrudo y, listo. Ya está el papalote listo para volar...
Ella estaba feliz. Vivía en un lugar lindo. Había árboles, empastizados, ranchos y caballos, vacas, patos, guajolotes, gallinas. La comida no faltaba. Y tenía muchos amigos.
Ahora iba a ser madre. Su barriga estaba enorme. Mal podía andar. Pero las visitas no paraban, todas deseándole buena suerte.
-Nuestra Señora del Buen Parto le de buena hora, decían al despedirse.
Era como si todos estuvieran embarazados junto con ella...
Hasta que una noche de luna llena, se dio cuenta que la hora había llegado. No, no iría a ninguna maternidad. Ni necesitaría de médico o de partera. Se sabía cuidar solita. Así fue como su madre, como su abuela su bisabuela... todas habían tenido muchos lechoncitos sin problemas.
Eso es, Gertrudis era una puerca...
Muchos y muchos años atrás, al otro lado del mar, había un país diferente; tenía un sol como ninguno otro. A ese sol le gustaba al música... y le gustaba tanto, que si el pueblo allá abajo, no tocase música, para pedir que el sol se despertara, éste continuaba dormido. No salía de su sueño y el día no amanecía.
Todo mundo sabía de esto. Y por eso muy tempranito, antes de tomar el café, los despertadores del sol subían a lo alto de la colina en procesión y, desde arriba, mirando al horizonte, tocaban sus instrumentos. Eran violines, guitarras, violas, cavaquiños, flautas, panderos, cuicas, berimbaus y acordeones. Aquella música iba hasta los escondrijos del sol, después del mar; él se despertaba y sonreía feliz, pensando que todos gustaban de él... y muy despacito, mostraba su rostro rojo y sonriente en la superficie de las olas, allá lejos, en el horizonte.
Para el adulto que vaya a leer esta historia a un niño.
Esta es una historia sobre la separación: cuando dos personas tienen que decir adiós...
Después del adiós queda aquel vacío inmenso: nostalgias.
Todo se inflama con la presencia de una ausencia.
Ah! Cómo sería bueno que no hubiese despedidas...
Algunos llegan a pensar en meter en jaulas aquellos a quienes aman.
Para que sean de ellos para siempre...
Para que no haya más partidas...
Pocos saben, mientras, qué es la nostalgia que hace encantadas a las personas. La nostalgia hace crecer el deseo. Y cuando el deseo crece, se preparan los abrazos.
Un amigo me pidió que escribiera un cuento para una pequeñita, hija de un matrimonio separado.
Puse la idea dentro de mi y me quedé esperando mucho tiempo para que las imágenes apareciesen. Es inútil esforzarse: las imágenes sólo llegan cuando quieren y del modo que quieren. Como si ellas tuvieran vida propia y estuvieran ya listas, escondidas en algún lugar. Quien escribe no hace más que ver y contar lo que vio.
Eso fue lo que me pasó. Sólo que las imágenes a medida que iban siendo puestas en el papel, me di cuenta de que no eran para pequeños.
Intenté recordar, modificar la intención, pero no lo logré.
La historia es pues para los grandes; para aquellos que una vez amaron y después se separaron. Yo pensaba que el padre o la madre la podrían leer para sí mismos y también para el pequeñín. Reconozco que el texto es difícil. Pero yo me pregunto sí, por esto mismo, el texto no pudiera ser el lugar para el inicio de una larga conversación: Cuándo el niño pregunta: “¿Mamá, qué es esto?”, “Papá, yo no entendí...”
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