Un amigo me pidió que escribiera un cuento para una pequeñita, hija de un matrimonio separado. Puse la idea dentro de mi y me quedé esperando mucho tiempo para que las imágenes apareciesen. Es inútil esforzarse: las imágenes sólo llegan cuando quieren y del modo que quieren. Como si ellas tuvieran vida propia y estuvieran ya listas, escondidas en algún lugar. Quien escribe no hace más que ver y contar lo que vio. Eso fue ...
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