La capa de ozono ha desaparecido en un 50% (resumen)

Acaba de hacerse público en Viena, durante una reunión de la Unión Geofísica, que, contrariamente a lo que se creía, continúa deteriorándose la capa de ozono que, situada a una altura de entre 25 y 30 kilómetros, nos protege de la radiación ultravioleta procedente del Sol, una radiación que entre otros muchos efectos puede dañar a la vista y a la piel, produciendo en ella cánceres, mal que está aumentando alarmantemente.

La voz de alarma se había dado ya en 1985, cuando se detectó en la atmósfera sobre la Antártida una rápida disminución de ozono, un, como vino en denominarse, gigantesco "agujero de ozono". Antes (1970-1974), los químicos Paul Crutzen, Mario Molina y Sherwood Rowland -que recibieron por sus investigaciones el Premio Nobel de Química de 1995- habían demostrado que compuestos formados durante procesos de combustión, así como los tristemente célebres clorofluorocarbonos (CFC), empleados como propelentes, podrían afectar seriamente al ozono atmosférico, iniciando procesos de destrucción que se mantendrían de manera automática.

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