La Economía en América Latina y El Caribe*

Situación y respuestas desde la población empobrecida y excluida. Sobrevivencia y desarrollo humano

Situación

Frente a las situaciones de pobreza y exclusión en la región, la gente afectada viene respondiendo a través de diversas actividades económicas con la finalidad de procurarse el sustento propio y el de sus familias.

En el contexto actual hay dos maneras en que es posible definir al (a la) pobre, una, como alguien que no tiene nada y que por lo tanto hay que darle, en este primer caso el (la) pobre es considerado (a) como un numero estadístico y otra como una persona humana que tiene capacidades en tanto ser humano, pero que el orden establecido no le permite acceder a oportunidades para desarrollar sus capacidades.

En el primer caso las soluciones van por el lado de ofrecer a pobres y excluidos (as) programas compensatorios de alivio a la pobreza por lo general asistenciales y con pocas posibilidades de sostenibilidad a largo plazo. En el segundo caso las soluciones van por el lado de promover programas de desarrollo humano que amplíen las capacidades de pobres y excluidos de valerse por sí mismos en solidaridad con sus familias y comunidad.

En el campo de los esfuerzos de pobres y excluidos (as) por procurarse ingresos para sí y sus familias destacan las actividades de autoempleo así como de micro y pequeña empresa. En los últimos años ha aumentado proporcionalmente el número de miembros de la Población Económicamente Activa (PEA) de la región que participa en estas actividades. Se ha pasado de un peso específico del 30% de la PEA latinoamericana y caribeña al 43% en promedio regional, y con tendencia a crecer para los próximos años, si bien la calidad de los empleos es muy reducida, por lo general confinada al sector terciario y en situaciones de precariedad. Son más bien situaciones de subempleo[2].

Es también cierto que en estas economías populares se presentan situaciones de explotación de quienes participan en ellas y sus familiares (mujeres, niños, adolescentes, adultos mayores). A nivel de gestión por lo general en situaciones de atomización y con muy bajos niveles de planificación económica y empresarial.

Economía Popular, economía del trabajo

Entendemos por economía popular al conjunto de actividades económicas llevadas a cabo por pobladores (as) empobrecidos (as) y excluidos sea en el campo de la producción, la distribución o el consumo y cuya finalidad es la satisfacción de las necesidades básicas de las personas y sus familias.

Estas actividades desde un punto de vista organizativo pueden ser de carácter individual, familiar o colectiva[3] y desde el punto de vista de desempeño económico pueden estar en situación de sobrevivencia (cuando los ingresos obtenidos son menores que los gastos), de subsistencia (cuando los ingresos obtenidos a duras penas logran cubrir los gastos) o de acumulación simple (cuando los ingresos obtenidos son mayores que los gastos incurridos).

La racionalidad económica con la que funcionan las actividades económicas populares no es la de la maximización de la tasa de ganancia (solamente un 15% de ellas como promedio logran llegar al nivel de acumulación simple), sino la satisfacción de las necesidades básicas de la persona y su familia. A estas actividades que tienen esta racionalidad económica, el argentino José Luis Coraggio les llama economía del trabajo[4] por cuanto se basan en optimizar el factor trabajo (factor abundante en sus economías) y porque su estrategia de crecimiento se basa en potenciar las capacidades laborales de la persona y su familia (padres y madres de familia, hijos, parientes, adultos mayores, etcetera).

Para Coraggio esta expansión de capacidades laborales de la persona y su familia han llevado a configurar todo un Fondo de Trabajo que se mide en tiempo (horas de trabajo). El fondo de trabajo está constituido por la sumatoria de las capacidades laborales de la persona y su familia. El desempeño de estas capacidades laborales puede llevar a generarse ingresos monetarios (producto del trabajo dependiente, independiente o actividades de generación de ingresos monetarios desarrolladas en el espacio doméstico) o bien puede tener formas no monetarias (tiempo invertido en el trabajo doméstico, tiempo invertido en el trabajo en las organizaciones comunitarias, trabajo de autoformación). Las familias buscan optimizar sus fondos de trabajo[5].

Economía Solidaria

Esta economía popular o economía del trabajo en tanto se basa en el desarrollo de las capacidades laborales y su finalidad es la de satisfacer las necesidades básicas para vivir y suele tener como estrategia de crecimiento y desarrollo formas de cooperación y solidaridad que van configurando el factor C, llamado así porque hace referencia a un conjunto de categorías relacionadas con el trabajo colectivo y cooperativo tales como compartir, comunidad, confianza, comunión, etcétera. En este sentido la economía solidaria es la economía del trabajo que moviliza y optimiza el factor C. Podríamos definirla como la economía del compartir. Compartir el trabajo (producción), compartir los frutos del trabajo (distribución)[6].

El territorio como espacio económico

Tanto la economía popular o economía del trabajo y la economía solidaria tienen como espacio de desempeño el nivel local, esto es, la comunidad campesina, pueblos dentro de distritos o bien distritos y provincias configurando una economía denominada por algunos como la economía de la proximidad[7]. En dicho territorio la economía popular se desempeña en cualquiera de los componentes del circuito económico (producción, distribución, consumo).

La conjunción de la economía popular (del trabajo) con el territorio han abierto posibilidades no solo para la sobrevivencia sino para el desarrollo pues estas economías sencillas han logrado interactuar con actores económicos de los sectores públicos y aun privados. Es el caso por ejemplo de las municipalidades.

Han interactuado con las Municipalidades y han incidido en las decisiones sobre los planes de desarrollo local y los presupuestos de inversión local[8]. Poco a poco estas economías populares, economías solidarias, van transformándose en expresión de ciudadanía en sectores populares y campesinos, en formas nuevas de participación económica de pobres y excluidos forjando su autodesarrollo y el de sus comunidades.

En el territorio se van configurando actividades productivas (microempresas productivas), de comercio (comerciantes de mercados de abastos, vendedores ambulantes, etcétera), de consumo (organizaciones autogestionarias por la alimentación, salud, vivienda), tecnológicas (centros de formación profesional, institutos tecnológicos, colegios técnicos, institutos agropecuarios, etcétera), de servicios a las personas (mantenimiento, reparación, informática, etcétera) o de finanzas (cooperativas de ahorro y crédito, organizaciones de microfinanzas, etcétera). Seis sectores o ámbitos claves para procesos de desarrollo local.

Esta economía local con estos actores económicos para desarrollar sus potencialidades de crecimiento y desarrollo requieren potenciar las capacidades locales de consumo (consumo ético), de inversión (responsable), el mercado local y las capacidades exportadoras, el gasto e inversión pública en la localidad (tanto de las municipalidades como de los gobiernos regionales o estatales o del propio gobierno central) o aún el manejo racional de las transferencias a las familias desarrollando así un nuevo circuito económico basado en la eficiencia y la solidaridad para gestar un proceso de desarrollo desde los espacios locales.

De la sobrevivencia al desarrollo local

Pasar de una lógica de sobrevivencia a una de desarrollo desde el espacio local implica optimizar no solo los esfuerzos macroeconómicos (las economías populares de las personas y sus familias) sino meso-económicos (un enfoque de desarrollo local y políticas públicas en favor del mismo). Pero para ello es necesario repensar la economía desde sus bases mismas, desde la propia racionalidad económica, una economía al servicio de las personas, sus familias y la comunidad.

Llamaremos desarrollo local al proceso de transformación de las economías y las sociedades locales, orientado a superar las dificultades y aprovechar las oportunidades, para mejorar las condiciones de vida de su población vía la acción concertada entre los diversos actores socioeconómicos locales (público, privado, social), aprovechando sustentablemente los recursos endógenos existentes, desarrollando capacidades para emprender actividades locales de tipo económico y empresarial, la cooperación y la creación de un entorno innovador en el territorio.

El desarrollo económico local requiere de las más variadas tecnologías apropiadas (Razeto), con mejoras en procesos, productos y gestión (Alburquerque[9]), la combinación de recursos financieros (económicos) con las actividades formativas, el impulso de procesos integrales e integrados de educación y desarrollo (Razeto), la incidencia en factores institucionales, políticas públicas, en el modelo de desarrollo "macro"?. Implica un modelo (macro) económico de acumulación y distribución equitativa que optimice las potencialidades locales (Razeto).

Cooperación y responsabilidad social para el desarrollo solidario

El desarrollo humano integral basado en la potenciación de las capacidades económicas de las poblaciones empobrecidas y excluidas requiere de un esfuerzo concertado, responsable y solidario de todos los actores de la economía. Es por eso un llamado y un compromiso ético para gestar una economía auténticamente humana.

El desafió de la economía popular o economía del trabajo es desarrollar un potencial solidario y comunicar esa capacidad solidaria al Estado y al sector privado. El rol de un Estado promotor de un desarrollo solidario[10] implica la concertación con la sociedad civil, la regulación, la prioridad de la inversión social en los presupuestos (presupuestos participativos). El rol de la empresa privada es el de desarrollar una auténtica responsabilidad social en base a códigos de ética elaborados con participación de la comunidad local, que se proyecten de la filantropía al desarrollo local, que rindan cuentas a través de balances sociales.

Conclusiones

En los tiempos actuales se vienen configurando en América Latina y Comunidad Europea diversas formas de economía popular (del trabajo) y economía solidaria como respuesta desde las iniciativas de las poblaciones empobrecidas y excluidas. Desde una presencia histórica.

Son expresión de una nueva racionalidad económica, la de la satisfacción de las necesidades básicas de las personas y sus familias y la cooperación en las unidades económicas y en la comunidad local.

Se dan de manera heterogénea no solo en el ámbito (producción, distribución, consumo) sino de sus potencialidades (sobrevivencia, subsistencia, acumulación simple).

Desarrollan diversas formas de interacción con los actores económicos locales, especialmente con los gobiernos locales, dentro de procesos de desarrollo y ciudadanía, pero desde el espacio local.

Una importante lección de lo anterior es que pasar de la sobrevivencia al desarrollo implica la interacción de políticas macroeconómicas (gestión) con las de desarrollo local (mesoeconómicas) y las macroeconómicas y globales (niveles bilaterales y multilaterales[11]).

Implica también la gesta de un proyecto nacional de responsabilidad social, de concertación de los actores económicos en favor de un desarrollo verdaderamente humano e incluyente[12].

De una manera mas general y en vistas a un proyecto de nueva sociedad para los tiempos actuales de América Latina y Comunidad Europea, implica repensar la economía desde sus bases mismas. Pasar de un paradigma centrado en el capital y la competitividad (factores escasos en nuestras realidades) a un paradigma centrado en el trabajo y la cooperación (factores abundantes en nuestras sociedades aunque con imperfecciones).

En suma, promover una economía al servicio de las personas y no al revés.

Desafíos y líneas de acción pastoral

  • Promover espacios de análisis y reflexión sobre la situación y potencialidades de las economías populares, del trabajo, solidaria.
  • Potenciar las capacidades de estas economías de responder a las necesidades básicas de las personas y sus familias, especialmente de las más pobres y excluidas.
  • Potenciar las diversas formas y expresiones de solidaridad en la economía para procesos de desarrollo económico sostenibles y sustentables centrados en las personas y la armonía con la creación.
  • Promover procesos de desarrollo local desde la interacción solidaria de los actores económicos suscitando cadenas de valor económicos y éticos, potenciando capacidades y accediendo a nuevas oportunidades que brinde el contexto.
  • Promover políticas públicas nacionales y globales que den un clima favorable para el desarrollo de las economías solidarias desde los espacios locales. Que potencien el comercio justo, la producción responsable, el consumo ético, el intercambio de saberes (tecnología), las finanzas solidarias.
  • Suscitar la reflexión y promover una auténtica responsabilidad social de las empresas en base a códigos de ética elaborados con participación de la comunidad local, que se proyecten de la filantropía al desarrollo local, que rindan cuentas a través de balances sociales.
  • Promover espacios de reconceptualización de la economía desde sus bases mismas. Promover un nuevo paradigma centrado en el trabajo humano y la cooperación solidaria por una economía al servicio de las personas.
  • Desde el apostolado social, promover planes, programas y proyectos en favor del desarrollo de economías responsables y solidarias.

Bogotá, Colombia, 28 de julio de 2005
email: solidar@ceas.org.pe

Notas:

* Artículo originalmente publicado en la revista Christus

[1] Peruano. Responsable del Area de Economía Solidaria del Departamento de Solidaridad de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) y miembro del equipo de asesores de CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) en asuntos relacionados al modelo económico. Miembro de la ONG FAENA (Fomento de la Autogestión), especializada en la asesoría empresarial a empresas autogestionarias. Expresidente del Grupo Red de Economía Solidaria del Perú. Miembro del equipo animador de la estrategia andina por el desendeudamiento (con redes Jubileo de Bolivia, Ecuador, Perú). Consultor en temas de economía solidaria y derechos económicos y sociales. Autor de diversas publicaciones sobre el tema de Economía Solidaria y deuda.

[2] Entendemos por subempleo la situación de las personas de la PEA que trabajan mas de ocho horas diarias y los ingresos que obtienen son menores al mínimo vital o quienes tienen que trabajar solamente a tiempo parcial obteniendo ingresos menores al mínimo vital.

[3] A las actividades de tipo colectivo el chileno Luis Razeto les llama organizaciones económicas populares. Cfr Razeto, Luis, Economía popular de solidaridad, PET, Chile, 1987.

[4] Coraggio, José Luis, La Economía del Trabajo, 1985, Buenos Aires así como en textos recientes sobre economía del trabajo y desarrollo local (2001), Ed. Universidad Nacional General Sarmiento, Bs.As, Argentina.

[5] En Europa se han desarrollado varias reflexiones en torno al tema de los bancos del tiempo.

[6] Ortiz, Humberto, Economía popular y economía solidaria, doc. De trabajo CEAS, Perú, 2002.

[7] Guay, Lorraine, Relais Femmes, Quebec, 2002.

[8] Por ejemplo las experiencias de los presupuestos participativos en Porto Alegre (Brasil), varias localidades del Perú, etc.

[9] Alburquerque, Desarrollo Económico Local, 2000. Madrid, España.

[10] Cfr. Pontificio Consejo Cor Unum, Frente al Hambre en el Mundo, desarrollo solidario, Ciudad del Vaticano, 1999.

[11] Lo que implicaría el replanteo de la cooperación internacional al desarrollo y la propia reforma del sistema multilateral tanto financiero como comercial

[12] Superar la lógica de ganadores y perdedores hacia una lógica del bien común.

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