El café puede ser cualquier cosa desde una brebaje demoníaco, un veneno fulminante o la esperanza del fatigado, néctar y obsequio divino. Perseguido, vituperado, cimiento de fabulosas fortunas y miserias inauditas. Algo es seguro, nadie permanece inmutable a su contacto. Al café se le ama o se le odia pero obliga a la reacción, aunque a ésta no siempre le asista la razón... incluso alguien tan lúcido como Vasconcelos, quien podía soltar frases tan agudas como: "La cultura acaba donde empieza la carne asada"? para ...
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