El Significado de guiarse a uno mismo.
La psicología Humanista es una filosofía de vida, una nueva forma de
concepción del hombre, no es puramente descriptiva o académica sino que induce a la
acción e implica consecuencias. El hombre comienza a ser dueño de su propio destino y puede modificar su realidad, como modifica su interpretación de la misma. Contribuye a la realización de una determinada manera de vivir, no sólo como individuo, dentro del
propio psiquismo, sino también en cuanto a ser social, como miembro de la sociedad.
De esta psicología humanista y en ella surgen los tratados de Abraham Maslow sobre el
hombre autorrealizado, del que extraigo teorías que me ayudarán a explicar y
fundamentar la meta de la autorrealización.
Esta fuerza psicológica allana el camino hacia una psicología todavía más
elevada, una psicología transpersonal, transhumana, centrada en el cosmos más que en
el bien y las necesidades del hombre, que trasciende la naturaleza del hombre, su
identidad, autorrealización…Esa es la que yo considero la verdadera autorrealización,
aquella que no se fundamenta en nada más que la propia existencia, el ser, el self de
Jung, el aquí y ahora, la experiencia plena de la vida, sin juicios ni etiquetas, donde solo
existe la verdad, en un conjunto que engloba el mundo y toda su experiencia,
condensada en uno y expuesta al todo y en definitiva, completamente libre y amoroso. Necesitamos algo superior a nosotros mismos que paradójicamente vive dentro
de nosotros y es nosotros, en lo que confiar y que respetar pero en un sentido nuevo,
naturalista, empírico, interno y no eclesial. Es la elaboración de una psicología nacida
de la compasión y del amor a la naturaleza humana.
Existen algunas personas que son constructores, fuertes, vencedores más que
perdedores, padres más que hijos. Son menos de los que debería existir y muchas veces
son tratados mal por los que les rodean. Por esta razón, es fundamental hacer un breve
estudio del temor a la bondad y grandeza humanas, lo que provoca que no podamos ver
el Ser que habita en nosotros, los filtros con los que vemos el mundo, lo que los
hinduistas y budistas llaman el velo de Maya, los cristianos y cabalistas el pecado, lo
que en definitiva resulta de la proyección del inconsciente y la aplicación de los
mecanismos de defensa para no sentir ese miedo ancestral a vernos separados de nuestra
verdadera naturaleza.
¿Qué es una persona autorrealizada?
Y ¿qué impide que todos los individuos lo sean? Estas preguntas nos llevan a
reformular la idea de la concepción de la vida y de la sociedad. En este punto, por tanto
necesitamos aclarar qué hace que no podamos ver la realidad verdadera y trascender la
propia existencia. Para ello hablaremos de los procesos inconscientes como se
manifiesta en nuestras vidas como la auténtica falsa realidad (el mito de la caverna de
Platón) a través de los mecanismos de defensa que paradójicamente defienden al ser del
sufrimiento de no verse pleno en el individuo. También desarrollaremos el proceso de
integración de los diferentes niveles del ser y del renacimiento de uno mismo sin todos
los patrones aprendidos, apegos, neurosis, odio, ira, orgullo, que no son más que
coberturas de la verdadera esencia humana, vividas como reales por solidificación, pero
encubiertas por máscaras aparentes de bondad, sin darnos cuenta en la verdadera
bondad está fuera de los límites impuestos por nuestra percepción cotidiana de la
realidad. Y todo esto impide que los individuos sean autorrealizados, porque en
definitiva no saben que lo son de hecho, sólo por existir.
Maslow, en su libro mencionado con anterioridad en párrafo precedente, define
la autorrealización como “un episodio o momento en el que las fuerzas de la persona se
aúnan de manera particularmente eficiente y de intenso gozo, en el que se hace más
integrada y menos dividida, más abierta a la experiencia, más idiosincrásica, más
perfectamente expresiva, más humorística, más trascendente del ego, más independiente
de sus necesidades inferiores, etc”. Así, el individuo se encuentra más cerca de su
verdadero ser, de él mismo, sin las máscaras de represión que lo anulan, está más cerca
del núcleo de su ser, es más plenamente humano. Se trata de un individuo que se siente
guiado por sí mismo, por lo que la sintomatología de desconfianza y duda desaparecen
porque confía en capacidad innata de decisión y acción. Surge pues, una conciencia de
claridad y discernimiento superior, la conciencia innata del Ser. En teoría, al menos,
podemos investigar en cualquier curso vital en búsqueda de episodios de autorealización
especialmente en los casos de artistas, intelectuales, y en personas
señaladamente creativas, en las personas profundamente religiosas y en las que
experimentan grandes intuiciones en psicoterapia o en otras importantes experiencias de
desarrollo.
También me gustaría añadir, la propuesta de Dispenza en su obra Desarrolla tu
cerebro. En ella establece una serie de pautas comunes de individuos que se realizan a sí
mismos, se sanan física, psicológica y espiritualmente, siguiendo un guía interno y
propio. Se trata de personas que confían en sí mismos, en la conciencia de su cuerpo
para el funcionamiento óptimo, en la verdadera necesidad del propio ser de vivir, crecer
y aprender, confían en lo les dicta en cada momento su esencia, se saben sanos,
hermosos, creciendo, formando parte de un todo superior…confían en su Conciencia
Innata de Crecimiento hacia la plenitud, la felicidad, la salud y el bienestar, con ellos
como parte del mundo que les ayuda a Ser.
Dispenza no ve nada místico en el proceso, pero yo sí considero que es un paso
hacia la plena autorrealización y por eso lo tengo en cuenta. Estas son algunas de las
capacidades que consideran Verdades que les unen:
1 . Una elevada inteligencia humana da vida al ser humano y puede curar
el cuerpo.
Todos ellos, piensan que en su interior habita una inteligencia o fuerza superior
que les da vida a cada momento y que sabe mucho más que ellos como humanos
llegarán a saber jamás. Más aún, cuando conectan con esa inteligencia, ésta se pone a su
servicio. Se trata de la misma inteligencia que organiza y regula todas las funciones
corporales, es la que regula los latidos del corazón cada segundo, y en ese mismo
segundo, que mueran alrededor de 10 millones de células y en el instante siguiente la
que se encarga de que casi 10 millones de células nuevas ocupen su lugar. Y no somos
concientes de ello. Ocurre porque el organismo está creado para vivir. Ocurre lo mismo
con la respiración o el filtrado de la sangre por los riñones. Se realiza de forma
automática.
En mi opinión, esta primera característica, es la supra-conciencia de la que
hablaba al principio, una inteligencia primordial que indefectiblemente nos lleva a la
auténtica plenitud en vida y es la que conoce el místico y desconoce el loco. El
organismo físico tiende a la vida siempre, y esta super-conciencia también existe en la
mente y las emociones y en todos los niveles del ser que se describirán con
posterioridad. Volvemos nuevamente a la frescura de la teoría Humanista que muestra
una verdadera fe, o modificando a lenguaje humano sin cielo, confianza en el Ser
Humano. Es la fuerza vital que se expresa a través de nosotros, le da poder a cualquier
cosa que hagamos, y nos confiere el poder de expresarla como queramos. Para
Dispenza, no tiene nada de místico, pero sí puede llegar a la salud de la que deviene,
para el que quiere, el crecimiento espiritual y del corazón del que siga aprendiendo, le
de el nombre que le dé.
Esta inteligencia sabe cómo mantener el orden de las células, los tejidos, los
órganos y los sistemas corporales, porque ha sido ella quien ha creado el cuerpo a partir
de dos células individuales. Una vez más, el poder que da origen al cuerpo es el poder
que lo mantiene y lo sana.
Los entrevistados por Dispenza comprendían que si conectaban con ese poder y
utilizaban sus pensamientos para guiarlo, él sabría cómo curar sus cuerpos y sus mentes
y emociones circulares por ellos. La mente superior se encargaría de todo si ellos
contactaban con ella.
Por otro lado, los humanos tenemos una extraordinaria capacidad para cambiar.
Gracias al lóbulo frontal, podemos ir más allá de los comportamientos preprogramados
genéticamente en el cerebro. Es la capacidad de reconocerse proyectados por otros y por
uno mismo, punto que desarrollaré más extensamente en un apartado posterior como
clave para el crecimiento sin estancarse en la locura, desarrollando el tema partiendo del
efecto Pigmalion.
Es cierto que gran parte del comportamiento humano viene determinado
genéticamente. Sin embargo, no estamos condenados a vivir nuestra existencia sin
contribuir, de alguna manera, al desarrollo de las futuras generaciones. La biología
molecular ya ha comenzado a investigar sobre el hecho de que, con las señales
apropiadas, nuestros genes se pueden modificar con tanta facilidad como nuestras
células nerviosas.
La causa de que el ser humano no evolucione es que se ha vuelto adicto a las
emociones conocidas y las respuestas llevadas a cabo generación tras generación
impregnadas en su cerebro en la región del hipotálamo. El lóbulo frontal nos permite
descartar expectativas que coarten la expresividad del ser humano potencialmente
infinita. Todo aquello que no se encuentra en nuestra memoria como reconocible como
real se escapa a nuestra capacidad de realización, simplemente por la no existencia de su
conocimiento. El camino se acelera si no se focaliza en la experiencia cotidiana, si no se
solidifica. Será la irrealidad pues el eje de conversación, la relatividad de la realidad
conocida por comodidad, para desembocar en la inquietud por el aprendizaje de lo
nuevo, de lo desconocido, hacia la plenitud del miedo infantil lleno de sonrisas en el
juego del susto, al esperar no inesperado. Así llegamos al poder modificar la irrealidad
como queramos para convertirla en real sin solidificar y comenzar a crearla, a crear.
Presupone el no apego para la no solidificación, presupone el todo antes que las partes,
siempre conociendo las partes. Ramtha, lo explica claramente utilizando teorías de
física cuántica al emplear la parábola bíblica de la serpiente y la manzana, la onda y la
partícula. Si fijamos la atención, la onda se convierte en partícula y viceversa, en
función de nuestros deseos, desembocando tras la conciencia, en el paradigma
holográfico. Si ampliamos este paradigma a realidad conocida, ésta lo es porque la
hemos solidificado y es la que se nos muestra desde el nacimiento. Y si descentrásemos
la atención por un momento en lo conocido y lo apartásemos como irreal, aparecería
otra realidad o varias a la vez, distintas, también irreales si las consideramos como
reales.
La coherencia Inter-hemisférica como consecuencia de la práctica meditativa
permitirá la conjunción de ambos hemisferios comenzando por implicar le lóbulo
frontal centrándose en la glándula pineal. El cuerpo físico al servicio de los demás
cuerpos sutiles, o partes de la psique.
2 . Los pensamientos son reales; los pensamientos afectan directamente al
cuerpo.
Nuestra forma de pensar afecta tanto a nuestro cuerpo como a nuestra vida, la
mente sobre la materia. Las personas entrevistadas por Dispenza, no sólo compartían
esta creencia sino que la utilizaban todos los días para realizar cambios conscientes en
su cuerpo y en su vida personal.
Cada pensamiento provoca una reacción bioquímica en el cerebro. Un
floreciente campo científico llamado psiconeuroinmunología ha demostrado la conexión
existente entre la mente y el cuerpo. El cerebro libera señales químicas que se
transmiten al cuerpo donde actúan como mensajeros de los pensamientos. Los
pensamientos que desencadenan la liberación de sustancias químicas en el cerebro
permiten que el cuerpo sienta exactamente lo que se está pensando. Cuando el cuerpo responde a un pensamiento con una sensación, ésta
desencadena una respuesta en el cerebro. El cerebro, que examina y evalúa sin cesar el
estado del cuerpo, nota que éste se siente de determinada manera y, en respuesta a la
sensación corporal, genera pensamientos que provocan sus correspondientes mensajeros
químicos, de manera que comenzamos a sentirnos tal y como estamos pensando. Los
pensamientos generan sensaciones y, acto seguido, las sensaciones generan
pensamientos, lo que se repite en un círculo interminable.
Tras aplicar este razonamiento en su propia vida, los entrevistados por Dispenza
comprendieron que sus pensamientos no sólo no ayudaban a mejorar su salud, sino que
también podían ser la causa de la infelicidad de las dolencias aparecidas en primer
lugar. Muchos habían pasado día tras día durante décadas en un estado de ansiedad, ira,
frustración, celos o cualquier otra forma de dolor emocional.
3 . Podemos ser lo que queramos ser.
Las personas a las que entrevistó Dispenza tuvieron que recoger lo que sabían de
ellos mismos y después dar una nueva forma a sus pensamientos para desarrollar nuevas
ideas sobre en quién querían convertirse. También estudiaron libros y películas sobre la
gente a la que respetaban. Tras reunir parte de lo méritos y puntos de vista de estos
personajes junto con otras cualidades que deseaban, utilizaron todo el material en bruto
para empezar a construir una nueva representación de la forma en que querían
mostrarse. Interrumpieron el flujo repetitivo de pensamientos que habían mantenido
durante toda su vida y desarrollaron nuevas conexiones y redes de conexiones
neuronales con nuevos pensamientos, reinventándose. Las neuronas que se activan
juntas, se estructuran juntas. Cuando las cuadrillas de neuronas se estimulan de forma
repetitiva, se establecen conexiones más fuertes y ricas entre unas y otras. Dejar de
activar conscientemente los mismos circuitos neuronales hace que desaparezcan y se
refuercen sustitutivos positivos y nuevas áreas de conexiones más estimulantes. En mi opinión, la muerte de la personalidad autoimpuesta o impuesta puede ser
sustituida por otra que nos guste más, para sentirnos mejor, pero sólo formarían parte
del superyo freudiano sin visión superior. Es interesante desde el punto de vista de que
la persona puede decidir qué ser pero sin darse cuenta de que puede ser todo y diferente
en cada momento, que no es necesario mantenerse rígida en una personalidad y fluir en
las múltiples existentes siendo siempre consciente del cambio y utilizando cada estado
de manera coherente y sana.
4. Somos capaces de concentrarnos tanto que perdemos el sentido del espacio
y el tiempo.
El cerebro humano, a través del lóbulo frontal, posee la habilidad de bajar el
volumen o desconectar los estímulos procedentes del cuerpo y del entorno, así como la
percepción del tiempo.
El cerebro puede cambiar anatómicamente. Todavía en la década de los 80, la
idea imperante era que el cerebro era un órgano invariante y organizado en
compartimentos diferenciados. Actualmente, lo neurólogos saben ahora que el cerebro
se reorganiza de manera continua a través de las experiencias vitales de la persona. Los
estudios recientes certifican que el cerebro normal adulto saludable puede generar
nuevas neuronas. Este proceso se denomina neurogénesis. Los nuevos aprendizajes
aumentan las zonas cerebrales implicadas en el aprendizaje, incluso la meditación ha
mostrado resultados prometedores a la hora de cambiar no sólo el funcionamiento del
cerebro mediante la alteración del patrón de las ondas cerebrales, sino también de
desarrollar nuevas neuronas como resultado de la concentración consciente. En estudios
publicados en 2005 se demostraba un incremento de la materia gris en 20 participantes,
todos ellos con un incremento intensivo en la meditación espiritual budista.
En glándula pineal se encuentra la comprensión última de las cosas y cesan los
pensamientos. Podemos estructurar nuestro pensamiento para modificar nuestra forma
de vivir, evitando los negadores y positivizando la realidad focalizando la atención en
los lóbulos frontales. Las conexiones neuronales establecidas durante tanto tiempo se
debilitan porque creamos una nueva red que se desarrolla a través del aprendizaje
permanente. Volvemos al efecto Pigmalion, ya mencionado con anterioridad. Podemos
crear la realidad si nos independizamos de las proyecciones de otros y dejamos de creer
como reales las nuestras propias.
En la tradición budista, se detallan las polaridades de las emociones primarias en
lo que ellos denominan el canal central del cuerpo. Es una estructura sutil muy compleja
que nos permite experimentar emociones puras (es decir sin mecanismos primarios de
defensa) como orgullo-compasión, celos-paz, deseo-apertura, ignorancia-sabiduría,
avaricia-generosidad, odio-amor. La salud implicaría conocer ambas emociones polares,
para mantenernos en un punto medio o para poder utilizarlas cuando queramos en todas
las distintas intensidades, reconociendo previamente los mecanismos de defensa que las
esconden. Aquí estarían algunas de las manifestaciones del inconsciente colectivo de
Jung y una parte del alma. Cesaría la dualidad primera, unificando los hemisferios
correspondientes, según la tradición Cabalista a la esfera del árbol de la vida de
Tipheret.
En el cerebro reptiliano estarían los instintos más primarios y animales, en el
hipotálamo, el yo y el superyó freudiano, que se extendería al cómo quiero ser de
Dispenza en los lóbulos frontales, del derecho al izquierdo en continuidad hasta
detenerse en el centro, reconocidos ambos en un fluir energético constante de recreación
y creación de conexiones neuronales, de aprendizaje constante, para desembocar en la
conciencia básica de ese todo (de momento a saber, emociones y pensamientos, con
sensaciones). Y esa es la versión que más adelante detallaré para explicar la diferencia
entre locura y crecimiento espiritual. La verticalidad de la acción bien sincrética, bien
analítica y ambas, en la trayectoria en la búsqueda del ser produce la integración de los
distintos cuerpos o partes de la psique que al estar disociados e inconscientes plantean la
duda sobre la cordura.
Cada uno de los cuerpos que se expecifican por ejemplo en algunas tradiciones
orientales, experimenta una realidad y el físico las experimenta todas, si no hay
integración pueden manifestarse varias realidades a la vez. Si no hay conciencia, llega el
caos y si no se relativiza comienza la solidificación, sintomatología típica del no
creciente, del loco, pero equivocadamente interpretada, puesto que la conexión con
distintos cuerpos trae sabiduría de los más evolucionados.
Por tanto se sabe creciendo aunque se encuentre en caos. La verdad ya no es la
realidad que observa, ni las múltiples que puede ver, son todas y ninguna.
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