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Autor: Dr. Rafael Reygadas Robles Gil.
Durante los años ochenta, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, en alianza con pequeños grupos empresariales autóctonos, generaron por todo el mundo una política económica neoliberal caracterizada por: adelgazamiento de los estados nacionales; severo control de la retribución a los trabajadores a través de estrictos topes salariales; disminución drástica de los servicios públicos; transferencia neta al exterior de los excedentes económicos producidos por millones de trabajadores a través del pago puntual de la deuda externa,[1].
"El discurso de la globalidad no sólo obedece a una realidad epistémica legítima. Se está usando también para una reconversión de la dependencia. A menudo contribuye a ocultar y ocultarse los efectos de la política liberal neoconservadora en los países del tercer mundo y los problemas sociales cada vez más graves de las cuatro quintas partes de la humanidad... y ... se encuentra el colonialismo de la edad moderna, un colonialismo global que hoy es también neoliberal y posmoderno. La reconversión es en gran medida una recolonización...[2]"
Este modelo de crecimiento que generó intrínsecamente pobreza extrema entre millones de personas en el sur, diseñó también un conjunto de mecanismos para tratar de aliviarla en sus consecuencias y no en sus causas económicas y sociales. Los grandes organismos multilaterales: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización de Naciones Unidas, Organización de Estados Americanos, y otros, han aprobado bajo diferentes nombres y modalidades, programas de emergencia destinados al combate de la extrema miseria en el Sur. Los gobiernos buscaron generar y fortalecer actores que contribuyeran a suplir políticas públicas de bienestar social abandonadas por los estados modernos. Para ello empezaron a fluir fondos multilaterales que exigían conjugar ong's, organismos gubernamentales, movimientos sociales y empresas privadas. Estas estrategias de acción se caracterizaron por la aparente despolitización del bienestar social.
El conjunto de relaciones que implantaron los organismos multilaterales y las élites económicas y políticas de América Latina produjeron necesariamente subproductos estructurales de miseria extrema, de segregación, de remisión de millones de hombres y mujeres al hambre, al desempleo y al sufrimiento. La generación de estos inmensos sectores de las sociedades modernas del Sur implicó necesariamente grandes riesgos de movilización y disturbios sociales. Ni a los organismos multilaterales ni a los gobiernos latinoamericanos les interesa hacer la gestión de estos altos riesgos, por lo que diseñaron una estrategia general de transferencia de ellos a un conjunto de actores y sujetos, entre los que se cuentan sin duda las llamadas ongs: organizaciones de asistencia privada (iaps), fundaciones filantrópicas y organizaciones civiles de promoción del desarrollo (ocpds).
En el caso mexicano, este proceso de reconversión, se caracterizó por unos cuantos rasgos dominantes: pago puntual de la deuda externa, venta de las empresas y de importantes recursos nacionales al capital extranjero, apertura creciente y poco discriminada a la inversión extranjera directa, disminución progresiva del poder adquisitivo de los trabajadores, disminución del poder del gobierno para atender una estrategia nacional que permitiera la inclusión de todos los mexicanos en los beneficios sociales, transformación de México en un paraíso de la industria maquiladora, de playas y sol para el turismo[3]:
"Se busca un país abierto a la inversión extranjera, sobre todo, en maquiladoras, turismo y coinversión en sectores estratégicos: acero, industria automotriz, alimentos, pesca. Un país de sol, playas, ruinas, y artesanía al que vengan millones de turistas de todo el mundo. Un país con una mano de obra muy barata en el que la moneda extranjera valga mucho; en donde se exporten manufacturas así sea por parte del mismo capital extranjero y con subsidios económicos legales para esos mismos exportadores. Y como si no bastara lo anterior un país puntual pagador de su deuda externa y con un mercado libre y de alta rentabilidad para los capitales financieros...[4]"
"En síntesis, se trata de un modelo de acumulación centrado en los grandes capitales exportadores, maquiladores, turísticos, financieros (Casas de Bolsa, banca trasnacional y fuga de dólares) y estatal modernizado (menos empresas, más productivas). Se busca modernizar y reestructurar en base a los grandes capitales indicados. Este es el realismo: se incrementará la productividad y la competitividad en base a los agentes que lo puedan hacer en las condiciones del capitalismo actual.[5]"
Las consecuencias de doce años de política económica neoliberal en el contexto de la globalización de la economía y el mercado arrojaron un saldo grave de deuda creciente, desempleo, quiebra de la pequeña y la mediana industria, desempleo y hambre. En el terreno económico se generó nuevamente una deuda externa por encima de los 160 mil millones de dólares, se desarrolló una bolsa de valores altamente especulativa, se dio un serio problema en la balanza de pagos, se devaluó drásticamente la moneda, se incrementaron los subsidios a la exportación, se mercantilizó la tierra agrícola, aumentaron los impuestos y creció de manera alarmante la cartera vencida. Se deterioró el salario en un 60% de su poder adquisitivo, y el salario indirecto en prestaciones sociales se disminuyó en los últimos diez años en casi un 50%; de esta manera, se incrementó la polarización entre las clases sociales, formándose una pequeñísima elite económica de 24 Hombres de Negocios que reciben anualmente ingresos equivalentes a los que ganan en el mismo período 35'000,000 de mexicanos. Se firmó un Tratado de Libre Comercio de Norteamérica que fundamentalmente beneficia a estos mismos grupos, mientras que se incubó una guerra en el sureste del país.
A partir de la crisis de 1981 surgieron en México nuevas ocpds dedicadas a proyectos de desarrollo, de ecología, de derechos humanos, que junto con las antiguas, empezaron poco después a articularse en redes buscando mayor impacto y optimización de sus escasos recursos, a través de incidir en políticas sociales de carácter público. Hagamos un recorrido breve por algunas de las principales redes de ocpds que se conformaron a partir del inicio de la crisis en 1982.
* En 1983 como parte de un proceso de maduración del Movimiento Nacional de Salud Popular, que aglutinaba a grupos campesinos, a comunidades indígenas, a organizaciones urbano populares y a trabajadores de la salud vinculados a la salud popular, nació Promoción de Servicios de Salud y Educación Popular, A.C. (PRODUSSEP), como una red que comprendió organizaciones de Veracruz, Morelos, Chiapas, Estado de México, Oaxaca, Distrito Federal, y otros estados, que a partir de cierta experiencia común fueron prestándose servicios mutuos en relación a nutrición, salud preventiva, información, recuperación de la medicina tradicional y herbolaria, formación de promotores de salud y compra en común de medicamentos básicos. Esta primera red se conformó como asociación civil y ofreció una alternativa que combinaba organizaciones populares, comunidades y organizaciones civiles de promoción de la salud.
* En 1985 varias ocpds de la Ciudad de México, y otras que surgieron como respuesta inmediata de la población afectada por los terremotos, empezaron a coordinarse, en primer lugar para responder a la emergencia, y poco después, para plantear conjuntamente con las organizaciones sociales emergentes, un proyecto de reconstrucción arraigado en necesidades y demandas de la población más que en los criterios mercantiles de las constructoras e inmobiliarias. Ante las ingentes demandas de la población, pero también ante los intentos de control, coptación o manipulación de las organizaciones sociales y de profesionistas a través de recursos o proyectos gubernamentales, varias ocpds se articularon para responder mejor a las diversas demandas, dividirse las tareas, relacionarse con agencias de cooperación al desarrollo y emprender en común tareas de formación de los miembros de las organizaciones populares. De esta manera Enlace, Comunicación y Capacitación, A.C., Servicio, Desarrollo y Paz, A.C., el Centro de Encuentros y Diálogos, A.C., el Centro Operacional de Vivienda y Poblamiento, A.C., el Instituto de Comunicación y Educación Popular, A.C. y la Asociación de Trabajadoras Sociales Mexicanas, A.C., conformaron una red que se llamó Proyecto Interinstitucional para la Reconstrucción, que de febrero de 1986 a junio de 1987 trabajó fundamentalmente en las Colonias Morelos y Doctores, comprendiendo las necesidades más urgentes: abasto popular, salud, construcción de vivienda, comunicación y formación de promotores y dirigentes.
* Al concluir los trabajos del Proyecto Interinstitucional para la reconstrucción a mediados de 1987, las ocpds que lo habían formado, decidieron sumarse a la Red Mexicana de Educación Popular, una red vinculada al Consejo de Educación de Adultos de América Latina (CEAAL), en donde participaban otros actores como el Centro Popular de Capacitación Técnica, A.C., de Guanajuato, Gto.; el Centro de Estudios Ecuménicos, A.C. y el Grupo de Educación Popular con Mujeres, A.C. (GEM), ambos con sede en el Distrito Federal y con vínculos en varios estados; el Instituto Mexicano de Desarrollo Comunitario, A.C., de Guadalajara, Jal.; y otras ocpds de varios estados. Este proyecto se construyó en torno a dos experiencias de formación: la Escuela Metodológica y la Escuela de Promotores.
* Poco más tarde con el surgimiento del movimiento popular cardenista y después del fraude electoral del 6 de julio de 1988, varias de las ocpds que habían participado en las dos experiencias anteriores, desde su autonomía y bajo su propia lógica cívica, popular y educativa, vieron muy importante compartir sus experiencias, estrategias y metodología de formación de bases, cuadros y dirigentes populares, con el naciente partido en que derivaba el movimiento cardenista, de tal manera que conformados en Red Interinstitucional ofrecieron su experiencia de educación popular para participar en la tareas de formación de la Comisión de Educación Política del naciente Partido de la Revolución Mexicana (PRD).
* El 31 de diciembre de 1989 en la Cámara de Diputados fue aprobada una Miscelánea Fiscal que para efectos de Impuesto Sobre la Renta, modificaba el estatuto de muchos años bajo el cual las ocpds se habían considerado como no contribuyentes dado que no tienen lucro o ganancia. Esta ley operó como un convocador externo para una articulación amplia y de mediano plazo de ocpds, que hasta ese momento no se había dado. Inicialmente el 7 de agosto de 1990 se reunieron alrededor de 120 ocpds y conformaron una red que tomo el nombre de Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia (Convergencia), con un proyecto que comprendió tres grandes terrenos de trabajo: 1) la defensa y propuesta conjunta de una iniciativa de ley que saliera al paso a la Miscelánea Fiscal;
2) la promoción y defensa de los derechos económicos, sociales y políticos, tematizada como campo de políticas sociales de carácter público, y 3) la inmediata puesta en común de una imaginación colectiva de lucha por la democracia, como perspectiva antiautoritaria y de inclusión amplia. Frente a la política de fraude electoral, el presidencialismo autoritario, el corporativismo y la compra y coacción del voto, la Convergencia se orientó, junto con otras organizaciones civiles, a buscar la democracia social, económica y político-electoral, a lograr elecciones limpias, creíbles y equitativas[6].
- En 1990, en ocasión de las primeras manifestaciones públicas acerca de un tratado de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México, con una clara estrategia de buscar la información pública, un conjunto de ocpds, investigadores, sindicatos y personalidades preocupadas por relaciones económicas justas, dieron nacimiento a la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio (RMALC) a fin de poder incluir las demandas ciudadanas y propuestas alternativas de comercio justo[7]. A partir de entonces la RMALC desarrollaría un amplio programa nacional e internacional.
- También en 1990, un conjunto de organizaciones de mujeres se articularon en torno a una reconocida luchadora social: Benita Galeana, acuerpándose para formar la Red Ganando Espacios que buscaba la presencia propositiva y creativa de las mujeres en distintos ámbitos de la sociedad civil y política.
- En la década de los ochenta, el refugio masivo en México de guatemaltecos y después de salvadoreños, ocasionado por las guerras civiles en ambos países, contribuyó a generar una docena de ocpds de apoyo a refugiados centroamericanos. A partir de estas experiencias de apoyo al refugio centroamericano y caribeño, se formó en 1989 la Coordinadora de Organismos No Gubernamentales de Apoyo a Refugiados Centroamericanos (CONONGAR). En el mismo período, las organizaciones de defensa de los derechos humanos, de las que solamente existía una en 1981, se multiplicaron rápidamente[8]. Cuarenta y siete de estas organizaciones decidieron en 1990 conformar la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos "Todos los Derechos para todos", a fin de sumar esfuerzos y optimizar sus trabajos.
- En 1991 se dio un gran fraude en San Luis Potosí, que permitió a un legendario personaje democrático, el Dr. Salvador Nava Martínez, después de una marcha a pie hacia la capital, como protesta por el fraude en las elecciones de gobernador en su estado, convocar, en febrero de 1992, a un movimiento cívico nacional basado en la dignidad y la justicia. Nació así el Movimiento Ciudadano por la Democracia (MCD), red construída por ciudadanos, periodistas, intelectuales, frentes cívicos y organizaciones sociales en 20 estados del país. En este período, la lucha por la democracia vio el auge de la aparición de frentes cívicos, redes, coaliciones ciudadanas en una veintena de estados de la república.
- También en 1991, un conjunto de organizaciones sociales y civiles de promoción que habían compartido las experiencias de Centros Populares de Desarrollo Infantil, de lucha por los derechos de los niños, de trabajo con niños de la calle, buscando la profesionalización de su trabajo y un mayor impacto público, se conformaron como Colectivo Mexicano de Apoyo a la Niñez, A.C., (COMEXANI), al que rápidamente se fueron sumando grupos de diversos estados, logrando acciones concertadas e informes con peso internacional de trascendencia que le llevaron a ganar el respeto de la sociedad y del mismo gobierno.
- De igual manera en 1991, compartiendo un proyecto social y una estrategia más amplia, una docena de organizaciones civiles con sede en Jalisco, Puebla, Ciudad de México y Morelos se convocaron a articularse en una Red Interinstitucional de Iniciativas Civiles para el Desarrollo y la Democracia (Red INCIDE)[9].
Otras redes temáticas de promoción del desarrollo, especialmente orientadas a salir al paso a la crisis a través de políticas sociales de carácter público, aparecieron a partir de 1992.
- Después de la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas, Eco-Río 92 o Cumbre de la Tierra, realizada en 1992 en Río de Janeiro, Brasil, el Centro Operacional de Vivienda y Poblamiento, A.C., (COPEVI), el Fondo Social de la Vivienda, A.C. (FOSOVI), el Centro de Vivienda (CENVI), Casa y Ciudad, A.C., todas con amplia experiencia en vivienda popular, medio ambiente y ecología, acordaron conformar la Sección Mexicana de la Coalición Internacional del Hábitat (HIC-México).
- También de cara a la Cumbre de Río se construyeron otras redes de ongs de vida un tanto efímera y algunas coptadas por el gobierno[10]. Destaca también la formación de la Unión de Grupos Ambientalistas, constituida como Institución de Asistencia Privada en 1993 por 23 grupos. Ha participado en instancias gubernamentales de consulta y decisión en torno a políticas de medio ambiente.
- En 1992, con ya diez años de crisis y de deterioro grave en las condiciones nutricionales y alimentarias de la población pobre, basadas en experiencias de articulación de movimientos sociales y ocpds en torno a las tiendas Conasupo de los ochentas, alrededor de 50 organizaciones dieron nacimiento al Frente por el Derecho a la Alimentación, que además de la solidaridad y acción conjunta para obtener alimentos a precios más económicos, desarrolló una estrategia de formación nutricional y empezó a luchar por elevar el derecho a la alimentación a rango constitucional.
- En agosto de 1992 un conjunto de foros temáticos sobre niños, mujeres, tercera edad, empleo y campo, con miembros en más de una docena de estados del país y con algunos vínculos heredados de los procesos de reconstrucción en la Ciudad de México se dotaron de una proyecto compartido y de una propuesta organizativa común, constituyéndose como una red que tomaría el nombre de Foro de Apoyo Mutuo (FAM).
- Finalmente en 1994 aparecieron dos redes que de cara a la coyuntura tuvieron un peso importante en dos grandes problemáticas. Por un lado surgió la Alianza Cívica/Observación 94, de cara a la profundización de una necesaria reforma electoral y en la búsqueda de elecciones creíbles, equitativas y limpias[11]. Alianza logró articular 20 mil ciudadanos repartidos en tareas de vigilancia ciudadana en los 32 estados de la república. Por otro lado frente al conflicto chiapaneco surgieron dos redes que buscaron afanosamente la paz: la Coordinación de Organismos No Gubernamentales por la Paz en Chiapas (CONPAZ) y el Espacio Civil por la Paz (ESPAZ), surgido a partir del Cinturón de Paz realizado en San Cristóbal de Las Casas del 20 de febrero al 2 de marzo para proteger civilmente el diálogo entre el Gobierno Federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
En síntesis, de 1983 a 1996 surgieron alrededor de dos docenas de redes de ocpds temáticas, estatales o nacionales para responder al profundo deterioro económico y político de la sociedad mexicana, buscando responder de manera eficaz a las demandas sociales, yendo a las causas de la pobreza, y presionando para la transformación democrática del país. Se fueron dando también debates, escisiones, desprendimientos y conflictos al interior de las ocpds y de sus nacientes redes. Los proyectos que prosperaron se construyeron al calor del pluralismo y de la imaginación creadora, dejando de lado formas aisladas y localistas de intervención en la sociedad y, por lo mismo, rebasando a antiguos actores que hasta ese período habían hegemonizado las representaciones nacionales e internacionales de las ocpds.
Algunas redes se articularon a partir de su surgimiento en relación a temas específicos o en relación a territorios o regiones: niños, alimentación, medio ambiente o hábitat, políticas sociales, paz, género, derechos humanos, elecciones limpias y creíbles, defensa de la identidad, o en torno a frentes o movimientos en regiones o estados de la república.
Después de esta breve repaso, podemos señalar que la génesis social de la mayor parte de las redes de ocpds a partir del año 1983, tuvo que ver con el marco de políticas y estrategias gubernamentales autoritarias que llevaron a diversos sujetos, hasta entonces aislados y localizados, a sumar sus fuerzas, a optimizar sus recursos e impactar en la política pública. A lo largo del trabajo profundizamos solamente en algunas iniciativas de las redes de ocpds en las que encontramos una particular relevancia en torno a perspectivas y problemas generales de amplio impacto en el país. De ninguna manera es un trabajo exhaustivo, sino sólo un inicio de escritura de la historia de algunas de las iniciativas sociales de las redes de ocpds.
Para atender las consecuencias de la extrema pobreza en nuestro país, se multiplicaron también en este período las Instituciones de Asistencia Privada (IAPS) y las Fundaciones Filantrópicas, y se empezó a trasplantar a México una corriente de ideas en relación al Tercer Sector a través de las instituciones de la filantropía norteamericana. Fue precisamente en el terreno de la atención a las consecuencias más graves del modelo económico elegido, donde la política gubernamental a menudo quiso ubicar de manera exclusiva a las Organizaciones Civiles de Promoción del Desarrollo. Aunque éstas tenían claramente otra identidad sociocultural, otro imaginario social, y sobre todo otra experiencia de más de treinta años de realizar un trabajo con otras prioridades y criterios. Se dio en el período trabajado una fuerte disputa simbólica entre el imaginario social insituído de presidencialismo, corporativismo y subordinación y el imaginario social instituyente de transformación democrática justa e incluyente.
Estas van a ser la matrices de las nuevas demandas democráticas del conjunto de la sociedad y del surgimiento de las redes de organizaciones de promoción del desarrollo que trabajan en campos profesionales generando alternativas viables. A lo largo de estos años se ha venido contribuyendo a construir una sociedad civil que propone una política social que parte de las necesidades y demandas de la gente, sin clientelismo ni corporativismo.
Las iniciativas desarrolladas por las ocpds fueron surgiendo de una diferenciación progresiva de las tareas de asistencia, planteando la promoción como una relación diferente ya sea de las costumbres caritativas o clientelares, ya sea de las relaciones mercantiles entre profesionistas y sociedad.
En términos de la génesis social de las iniciativas públicas de las redes de ocpds se pueden distinguir dos dimensiones complementarias:
La primera dimensión se refiere a cómo se fueron forjando los proyectos de las redes, con qué sujetos trabajaron, cuáles demandas asumieron y qué objetivos plantearon y bajo qué imaginación se movieron.
Un nuevo imaginario fue innovando propuestas de mayor alcance e impacto social. La promoción se fue mostrando como una práctica que incluía a los destinatarios como actores de sus propias transformaciones e instituía alternativas a problemas en diversos campos: la economía; el cooperativismo; la producción agrícola; la contaminación; la participación de las mujeres y los jóvenes; la cultura de los pueblos indios; y otros. De esta manera se fue desarrollando una experiencia de atención a demandas específicas.
El análisis social que realizaron las ocpds las llevó a ubicar las causas principales de la pobreza no sólo en el atraso o ignorancia de los individuos, sino sobre todo en las condiciones históricas, socioeconómicas y políticas. Este análisis, combinado con un imaginario del cambio proveniente de fuentes diversas: cívicas, autogestionarias, cristianas, o marxistas, llevó a las ocpds a delinear estrategias de organización y de acción social y política dirigidas a combatir las causas de la pobreza y la pobreza misma.
Los obstáculos gubernamentales y políticos al desarrollo de las acciones y experiencias puntuales de transformación de las causas de la pobreza, fueron marcando los rumbos de las ocpds. A partir de la crisis de 1982 que desató un progresivo deterioro de las condiciones de vida y de trabajo de amplios sectores nacionales, nuevas respuestas que permitieran soñar otras condiciones de vida y de participación democrática, fueron siendo formuladas por los miembros de las ocpds. Surgieron así mayores exigencias y demandas de carácter más general, que implicaron decisiones de incidir en políticas públicas y en las luchas por la democracia.
Es por eso que en términos históricos investigamos los procesos, estrategias y acciones a través de las cuales las redes de ocpds fueron imaginando otros horizontes. Esto nos permitió conocer también cómo este conjunto de relaciones entre la sociedad y las ocpds estuvo dialécticamente articulado por la conformación de formas organizativas particulares.
La segunda dimensión de la génesis social del proyecto de las organizaciones civiles está referida a los procesos internos y las formas organizativas que llevaron a la maduración y transformación de las ocpds en redes de mayor impacto social. Lo que nos remite a los procesos instituyentes y a la vez de institucionalización de estas organizaciones, en un contexto en que ellas mismas, recogiendo y atendiendo demandas sociales diversas, fueron apareciendo como actores emergentes de la sociedad civil, capaces de respuestas rápidas a los cambios del modelo de desarrollo económico y político, generando marcos de actuación e intervención social, junto con y al lado de otros actores sociales, nuevos y viejos que emergen también en las mismas coyunturas.
Bajo esta lógica las ocpds nombran a su campo de experiencias con diferentes nombres, pues se llaman a sí mismas: "colectivo", "frente", "coalición", "convergencia", "alianza", "foro", "movimiento", y otras, que denotan diversos orígenes y sujetos que las conforman. Pero su proceso de articulación en el período que va de 1989 a 1994 es un dato fundamental[12].
Es por eso que en términos genéricos, podemos denominar como redes a las formas asociativas adoptadas por las ocpds, en donde cualquier nódulo se conecta con otros, horizontalmente, ampliando su cobertura y su capacidad de cubrir un mayor territorio. Se trata de articulaciones coyunturales, de mediano o de largo plazo, de carácter plural y pluriclasista que pueden o no compartir objetivos estratégicos y un horizonte de expectativas, aunque sí coinciden en operaciones y acciones conjuntas de plazos cortos frente a demandas sociales urgentes que llevan a conformar una fuerza que interactúa, propone y negocia políticas públicas.
Ciertamente la crisis iniciada en 1982 fue el punto de partida de una profunda modificación de las relaciones sociales y el inicio de la instauración de otras en las que la deuda externa era el eje principal de transferencia de recursos de capital de México hacia sus acreedores. Todo esto repercutió rápidamente en las condiciones de trabajo y de vida de la mayoría de la población. En este período surgieron muchas ocpds orientadas al desarrollo con enfoque ecológico, a la salud, a los derechos humanos. Pero va ser la misma crisis y las políticas gubernamentales para traspasarla a la población, lo que va a poner las condiciones de posibilidad de las primeras redes de ocpds.
La metodología para acercarse a la historia reciente busca comprender los movimientos sociales estableciendo períodos a partir de aquellas acciones en que las fuerzas sociales expresan activamente sus proyectos, permitiendo analizar al conjunto de la sociedad, de tal modo que la periodización resultante proviene de la lógica y características internas de los movimientos y no es construída a-priori por fuera de los mismos.
En síntesis, hemos lanzado una mirada retrospectiva a la génesis social de la asistencia, de la promoción, y de las redes de ocpds.
La asistencia provino de la combinación de antiguas formas de reciprocidad y solidaridad social con la herencia de la cultura española, instalada durante la colonia, como parte de una forma de imaginación institucionalizada, que a su vez contribuyó a la institución de la misma sociedad colonial. La institución imaginaria de la caridad cristiana fue un corpus simbólico que al lado de otras prácticas sociales, acompañó la producción y reproducción de la sociedad misma, estableciendo lugares, roles y estamentos diferenciados: por un lado, estaban los hombres y mujeres españoles, los que tenían títulos nobiliarios, el clero, los poseedores de tierras, que a nombre de una parte de la sociedad y con una ortodoxa inspiración cristiana podían realizar prácticas de caridad cristiana y dedicar una porción de su tiempo y de sus excedentes a los niños expósitos, a los enfermos, a los ancianos, a la chusma harapienta, a los vagos, a los locos, que por otro lado, eran el objeto y razón de ser de la caridad. Para ello se fueron fundando diversos establecimientos asistenciales especializados. Pero esos mismos huérfanos y el número creciente de pobres, eran generados por el mismo proceso colonial. A nivel de las relaciones humanas derivadas de este imaginario se daba una doble perspectiva: por un lado la terca resistencia a las prácticas coloniales, y por otro, una cierta reciprocidad, una economía moral, una especie de pacto donde todos cedían para configurar un cierto modus vivendi.
Con ocasión de los profundos cambios sociales posteriores a la Guerra de Independencia, expresados en las leyes de Reforma, el discurso jurídico de la asistencia se modificó, y algunos establecimientos fueron asumidos parcialmente por el estado liberal mexicano, a raíz de la separación entre fuero civil y religioso. El liberalismo ciertamente empezó a criticar el imaginario caritativo y a hablar de obligaciones de estado; el discurso cambió y los gobiernos asumieron compromisos en torno a la asistencia, cambiando algunas prácticas, aunque la mayoría de las tradiciones y hábitos asistenciales siguieron permeados por las inercias, costumbres y formas de atención previamente establecidas, de tal modo que las relaciones entre asistidores y asistidos sufrieron pocas transformaciones.
Después de la revolución mexicana, hubo nuevos cambios en el discurso, la asistencia se consideró un derecho social que completaba el nuevo pacto entre las clases y los grupos que se habían enfrentado en el movimiento armado. Se creó así una secretaría encargada de la Asistencia Pública, aunque nunca dejó de existir la asistencia privada. Con los vientos del neoliberalismo se empezaron a trasladar más funciones y actividades asistenciales a la sociedad en su conjunto, abdicando el estado en cierta medida de las responsabilidades del pacto social revolucionario, trasladando parte de la gestión de los riesgos del nuevo proyecto económico a la sociedad civil, sin el correspondiente traslado ni de los instrumentos, ni de los recursos ni de las condiciones jurídicas favorables para hacerlo.
La definición más reciente de asistencia incluye dos rasgos significativos: un elemento temporal que modifica la concepción liberal clásica, y un aspecto que señala el carácter supletorio de la labor asistencial, solamente mientras los asistidos no puedan solventar por sí mismos sus necesidades, pero ni siquiera en el discurso se enfatizan con fuerza ni las estrategias, ni los dispositivos para que esa voluntad de temporalidad y supletoriedad se concreten, en los casos posibles, en una verdadera política operativa, que coloque el peso en las causas de la demanda de asistencia, en la capacitación para poder abandonar la condición de asistido y en el seguimiento oportuno para superar las dificultades que ocasionaran las nuevas alternativas sociales; más bien pareciera que la cláusula de temporalidad permitiría al gobierno abandonar a su suerte a aquellos que ha asistido por determinado período. De esta manera, en los hechos, la mayor parte de las prácticas asistenciales conservan y actualizan todavía el viejo imaginario colonial y contribuyen a la reproducción general de la sociedad actual.
Por otro lado, la asistencia sigue colocando la posiblidad de gestión, de escribir reglas de su acción, fundamentalmente, en uno sólo de los polos, que es el que organiza los establecimientos y las prácticas. El análisis de las causas de la necesidad de asistencia no se aborda, sólo las consecuencias, que son demandantes de tareas urgentes, que son cada vez más permanentes y abarcan a cada vez más población, tanto en números relativos como en números absolutos, pues en 1990 había 10 millones de personas en extrema pobreza, y en 1996 había por lo menos 17 millones.
En este período en que se requirió de mayor número de establecimientos de asistencia, se reforzó paralelamente, un órgano encargado de su control corporativo: la Junta de Asistencia Privada del Distrito Federal.
Siempre existirá una franja social que requerirá de la asistencia social: huérfanos, enfermos mentales, discapacitados, ancianos, y otros, pero la sociedad mexicana actual engendra intrínseca y geométricamente el número de personas en extrema pobreza y en condiciones de mayor vulnerabilidad; por un lado produce pobres, por otro los atiende medianamente, buscando transferir la asistencia del resto a la sociedad civil, ahorrándose el combate a las causas estructurales y coyunturales que engendran la pobreza y combatiendo sólo algunas de sus consecuencias.
Precisamente de la crítica a las formas asistenciales, que no toman en cuenta las causas ni los métodos de participación en el análisis y gestión de los propios procesos, fue surgiendo otra corriente de intervención social, que aunque tuvo sus raíces en prácticas coloniales de algunos frailes y monjes, y se alimentó de las ideas libertarias de la revolución francesa y del liberalismo decimonónico, encontró su génesis social próxima en el período posterior a la revolución mexicana. En la medida misma en que los gobiernos iban abandonando postulados sociales, hacia fines de los cincuentas, una parte de la sociedad se atrevió a plantear la autonomía de sus organizaciones civiles y la independencia de los sindicatos en relación al partido en el poder; simultáneamente fue surgiendo la demanda de formas sociales y organizativas diferentes.
En ese contexto, surgieron también las organizaciones civiles de promoción del desarrollo (ocpds), que inicialmente se forjaron al lado de movimientos sociales, enmedio del incremento de formas autoritarias y represivas empleadas por el régimen en orden a consolidar el llamado desarrollo estabilizador.
Las nacientes organizaciones fueron alimentadas por el movimiento del 68 y por la generación de estudiantes y maestros que de ahí extendieron la lucha por las libertades democráticas más allá de las aulas y de las universidades, generando y fortaleciendo viejas y nuevas corrientes de izquierda con propuestas alternativas, y sobre todo, con nuevas prácticas y relaciones sociales.
En lo que se refiere a la promoción, encontramos una veta histórica todavía poco conocida, proveniente de dos fuentes: 1) de una visión y prácticas originadas en el desarrollismo, entonces en boga en América Latina, cuyos objetivos buscaban involucrar a los pueblos y comunidades en la solución a algunas de las graves consecuencias del subdesarrollo, a fin de aislar y debilitar el imaginario y las propuestas de cambio despertadas por la revolución cubana; y 2) de una visión y prácticas sociales que mezclaron orígenes liberales, social-cristianos y marxistas, considerando al hombre y a los pueblos latinoamericanos, como sujetos y no como objetos de su propia historia. La promoción se distinguió de las prácticas asistenciales al expresar un imaginario distinto, que reconocía los derechos más elementales como pensar de manera independiente y desplegar estrategias y prácticas sociales determinadas a partir de decisiones autónomas y más horizontales.
La promoción nació históricamente entre grupos vinculados a los sectores populares y a los movimientos sociales, y fue portadora de una imaginación del cambio social que no provino de los núcleos sociales de poder sino de los sectores más empobrecidos de la sociedad; puso el acento en la realización de prácticas de discusión y decisión democráticas y formas de gestión colectivas entre promotores y promovidos. Las ocpds de los sesentas se sumaron a las luchas sociales por la democracia y el bienestar social de amplios sectores de la población. El Secretariado Social Mexicano tuvo una importante influencia en la génesis de las ocpds.
Antecedentes del surgimiento de las redes, fueron, por un lado, el deterioro acumulado de las condiciones de vida y de trabajo, y por otro, las experiencias colectivas de 1958, 1964, 1968, 1985 y 1988 que permitieron a amplios sectores sociales descubrirse a sí mismos en un lugar diferente y con una imaginación social distinta a los lugares tradicionales del poder político. La gente en las calles defendiendo las libertades democráticas, la gente en las calles dando solidaridad a los damnificados de los terremotos, o votando en contra del partido oficial, abrió la imaginación a nuevas posibilidades históricas de conquistar otros espacios, y a conformarse a sí misma como sociedad civil, con su propia identidad, demandas y formas organizativas.
Por la política neoliberal cada vez más excluyente de las grandes mayorías, y por la agresión gubernamental a las ocpds, éstas se empezaron a articular y a defender como redes para poder sobrevivir. Las redes fueron una forma de maduración estratégica y organizativa de esta parte de la sociedad civil para enfrentar demandas sociales que eran negadas o curvadas por el gobierno y la asistencia.
Las redes de ocpds, por nacer desde experiencias de trabajo de base y desde la periferia de los núcleos de poder, de vínculos profesionales, social-cristianos, sociales y políticos entre sectores y movimientos de trabajadores, campesinos y profesionistas, fueron portadoras de una imaginación del cambio que se manifestó a través de la invención de prácticas sociales democráticas e incluyentes.
Notas
[1] Una apretada síntesis de esta política para América Latina se encuentra en: ICCAL, Boletín. Año 1, Número 1, México, febrero de 1992.
[2] González Casanova, Pablo, en: El Mundo Actual: Situación y Alternativas. González Casanova, Pablo y Saxe-Fernández John (coordinadores), Siglo XXI-UNAM-Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Ciudad de México, 1996, pp. 47 y 48.
[3] Un amplio estudio de las consecuencias del modelo secundario-exportador se encuentra en Valenzuela Feijoó, José. El capitalismo mexicano en los ochenta, UAM, Ciudad de México, 1988. Para mayor detalle sobre el modelo de desarrollo puede consultarse la colección de Talleres de Coyuntura de Servicios Informativos Procesados 1987-1989, cuadernos trimestrales de análisis de la coyuntura nacional. SIPRO, Ciudad de México, o la Revista El Cotidiano, los ejemplares de 1988 a 1990, de manera particular el ejemplar especial de síntesis: La década de los ochenta en cifras, UAM-Azcapotzalco, 1991.
[4] Medina, Fernando et alii. "Análisis de Coyuntura", mimeo, Ciudad de México, 1988, págs 6 y 7.
[5] Monroy, Mario."El proceso de construcción de Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia", en Anexo II. Análisis económico y político de la situación del país, Proyecto Global de Sedepac 1994-1996, Mimeo, México, 1993, p. 14.
[6] Para un seguimiento detallado del proyecto y las prácticas sociales de la Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia pueden consultarse los capítulos IV, V y VI, en donde se desarrollan ampliamente las iniciativas de legislación de las ocpds, los procesos electorales democráticos y la búsqueda de la paz.
[7] Ver capítulo IV inciso 6.
[8] Para 1995 ya existían más de 230 organizaciones de defensa y promoción de los derechos humanos distribuidas por todo el país. Ver: Academia Mexicana de Derechos Humanos. Directorio de Organizaciones de Derechos Humanos, México, 1995.
[9] Las ocpds que se incorporaron a la Red que después se conocería como Red Incide, fueron: El Centro Operacional de Vivienda y Poblamiento, A.C. (COPEVI); Servicio Desarrollo y Paz, A.C. (SEDEPAC); el Centro de Estudios Ecuménicos, A.C. (CEE); el Centro de Encuentros y Diálogos de Cuernavaca, Morelos (CED); Enlace, Comunicación y Capacitación, A.C. (ENLACE); la Asociación de Trabajadoras Sociales Mexicanas, A.C (ATSMAC); el Instituto Mexicano de Desarrollo Comunitario, A.C.(IMDEC), de Guadalajara, Jalisco; el Centro de Investigación y Capacitción Social, A.C, (CICAS) de Puebla, Puebla; Casa y Ciudad, A.C. (CASA); y el Centro de Servicios Municipales "Heriberto Jara (CESEM)."
[10] Particularmente el Pacto de Grupos Ecologistas que aglutinaba a más de 60 grupos ecologistas en 1988 vió cómo el Departamento del Distrito Federal coptaba a través de pláticas muy privadas a algunos de sus principales dirigentes, o formaba nuevos grupos dóciles a sus puntos de vista para que fueran a la Cumbre de la Tierra, pero respondían más al carácter de grupos sí gubernamentales. Barba Pirez, Regina. "Participación de organizaciones no gubernamentales ambientalistas. Una descripción de la acción de la Unión de Grupos Ambientalistas", Ortega, Max y García Márquez, Enrique (coordinadores), Memoria del Segundo Coloquio sobre Estado y Movimientos Sociales. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, Ciudad de México, 1996, pp. 162-163.
[11] Alan Knight, criticando la historiografía norteamericana de este período sobre México, sostiene recientemente que ni los gobiernos mexicanos posteriores al cardenismo fueron tan autoritarios ni la sociedad civil tan débil. Ciertamente esta opinión es un punto con el que se realiza un debate a lo largo de este trabajo. Knight, Alan, en: "Continuidades Históricas en los Movimientos Sociales", en: Lloyd, J.D. y Pérez, L. (compiladoras) "Paisajes Rebeldes. Una larga noche de rebelión indígena", Dpto. de Historia, Universidad Iberoamericana, México, 1995, pp. 13-52.
[12] Esto es tan claro que en el año de 1995 avanzará un proceso de coordinación entre prácticamente todas ellas que se llamará a sí mismo: "Encuentro Nacional de Redes" o "Red de Redes".



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