La investigación histórica empieza por la curiosidad del historiador, por algunas preguntas que hace sobre el pasado, para intentar responderlas en los documentos escritos, monumentales o audiovisuales. Pero las preguntas son elaboradas desde la propia historia del historiador, que excluye cientos de interrogantes e incluye algunas a las que quiere responder con su indagación; las implicaciones y compromisos que él tiene en el presente lo llevan a seleccionar ópticas y perspectivas que son significativas para él, ya sea en función de sus propios intereses o de encargos sociales, políticos, económicos o culturales,
"Si (el historiador) desea devolver la vida a un desaparecido, reconoce siempre en toda reconstrucción el orden y el efecto de su propio trabajo. El discurso destinado a decir lo otro sigue sigue siendo su discurso y el espejo de su operación... [1]"



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