Después de la caída del muro de Berlín en 1989, la geopolítica mundial se modificó profundamente. Europa desde el Tratado de Roma en 1958 maduraba un largo proceso de unidad y se preparaba para pasar de ser Comunidad Económica a ser Unión Europea. En realidad el cambio de nombre manifestaba el tránsito de fondo que se daba, más allá de meros mecanismos comerciales, puesto que acordaba medidas compensatorias como punto de partida para que países como Grecia, España y Portugal pudieran incluirse con éxito y a largo plazo en el proyecto de Unión. Treinta años de experiencia precedieron la firma en 1986 del Acta Unica Europea en donde queda clara la complementariedad económica entre los diversos países. Se plantearía también una estrategia para ir incluyendo en el proyecto a los países de Europa del Este de manera progresiva, a fin de asegurar un proceso duradero de paz. De esta manera el horizonte económico, político, cultural y de seguridad nacional para Europa se modificaba sensiblemente. A pesar de estos esfuerzos, las guerras estallaron muy dentro del territorio continental y muy cerca de sus fronteras.
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