Una jornada en Bolonia, un museo medieval al aire libre (comentarios)

Autor: Sonia L. Baena

Bolonia está enmarcada dentro del cauce de dos ríos, el Reno y el Sávena. Ambos tuvieron un destacado papel en el suministro de agua y en el desarrollo comercial de la ciudad formando parte de un sistema de canales originariamente muy alejado de los venecianos. En un documento del siglo X ya se menciona su desarrollo naútico y en los siglos posteriores la capital de la región de Emilia Romaña estaba a cargo de una de las obras hidráulicas más importantes del país.

Dos compuertas, una a la altura de Casalecchio -en el Reno- y otra en San Rufillo -en el Sávena-, configuraron en el siglo XI dos canales que se hacían uno en el centro de la ciudad, y que permitió el paso de embarcaciones desde el río Po hasta el mar Adriático. Un paso adelante en la actividad comercial del país y, sobre todo, una solución estable a la necesidad de agua en la ciudad.

Hoy, las placas que nominan las calles son las únicas muestras de la existencia de estos canales en superficie, aunque debajo de sus empedrados se encuentra toda una red de conductos, comunicados con aquellos, de donde se suministraba el agua a los antiguos boloñeses. La asociación Amici delle vie d’aqua e dei sotterranei di Bologna dedica esfuerzos a su mantenimiento y organiza excursiones para el viajero interesado en las curiosidades del lugar.

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