En el 70 aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial y a un par de meses de los 20 años desde la caída del muro entre la República Federal y la Democrática alemana, Berlín es el ejemplo perfecto de la restauración de una identidad. La actual potencia europea resulta de la suma de un presente florecido y el recuerdo instructivo de los errores del pasado.
Como destino turístico es perfecto para un viajero independiente y de bajo presupuesto. La alta calidad de vida germana no se reduce sólo a un alto poder adquisitivo de sus ciudadanos. También a unos servicios que todo visitante tiene a su disposición y que nos llega en olas de silencio desde que aterrizamos en uno de sus aeropuertos. Las excelentes comunicaciones interurbanas, una amplia red de hostales en Berlin donde alojarse y numerosas facilidades económicas en el contacto con la ciudad contribuirán a que la imagen que tenías de Berlín cambie por completo.
La capital alemana cuenta con varios ambientes de rasgos propios, 12 distritos muy bien comunicados con metro y cercanías. Habrá que escoger entre ellos para asentar las noches. Lo ideal es establecer el campamento cerca del boulevard Unter den Linden porque desde de allí tendremos más a mano los principales enclaves turísticos. En esta zona, Generation Hostel Berlin dispone de más de 900 camas para acogerte por menos de 10€. Otras demarcaciones como Krenzberg, epicentro de la subcultura berlinesa, o los alrededores del inmenso parque urbano Tiergarten darán a tu visita otra perspectiva no menos interesante.
Una ciudad de 3,500.000 habitantes parece a priori inabarcable. Nada más lejos de Berlín, un recogido y armónico territorio en el que podemos introducirnos con el tour gratuito que algunas agencias de viajes organizan para dar a conocer sus productos. Muy completo e ilustrativo, te dará seguridad y orientación en los antiguos lado este y oeste en los que estuvo dividida la ciudad hasta 1989.

Para nuestro contacto individual con los espacios políticos y, sobre todo, artísticos contamos con algunas ayudas. El abono diario de los transportes supondrá al final de la jornada un ahorro si sacamos provecho a la ciudad. Los restos de muro cerca de Mauerpark no son los únicos, el campo de concentración Sachsenhausen (entrada gratuita) puede ser una buena dosis de realidad y la Oranienburger Strasse es una interesante muestra del arte alternativo y de su movimiento okupa. Si te interesan estos enclaves, la rentabilidad estará asegurada.
En 2006, Berlín fue declarada “Ciudad Creativa” por la Unesco, título que se ajusta como un guante a la muestra de sus más de 100 museos, entre los que destacan los de la llamada Isla de los Museos. La adquisición del Abono para su visita te mostrará el busto de Nefertiti (en el Neues Museum) o el Altar de Pérgamo (en el Pergamonmuseum) entre otras obras por 19€ -9.50€ a precio reducido- durante tres días. La alternativa a esta credencial es la Berlin Welcome Card, con la que se aplican descuentos a las 10 instalaciones artísticas más importantes. Su precio para usarla durante dos días es 16.50€, con la ventaja de que el gasto en transportes está incluido.
Junto a la comida, esta será la poca inversión que hagamos en tierras alemanas, aunque las visitas continúan. No podemos regresar sin haber visto la Puerta de Brandenburgo en la Pariser Platz o sin haber disfrutado gratuitamente de las maravillosas vistas desde la cúpula del parlamento alemán, Reichstag. La catedral católica al final de la avenida Unter den Linden (frente a la Isla de los museos) o la iglesia Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche (el único edificio que mantiene la estructura bombardeada) se cruzan inevitablemente en los paseos céntricos. Durante la guerra fría, Checkpoint Charlie fue paso fronterizo entre la zona soviética y norteamericana del muro; hoy, uno de los muchos entornos reconstruidos por el gobierno berlinés tras la Segunda Guerra Mundial.
El postre a esta extensa carta será dedicarle tiempo a dos visitas que marcarán un antes y un después en tu paso por la ciudad, Alexanderplatz y el recorrido por el interior del monumento del Holocausto del arquitecto Peter Eisenman (Unter d. Linden). Estas localizaciones amplían su significado con un recorrido por el barrio de obreros de Prenzlauer Berg o el judío, en torno a los alrededores de la calle Oranienburg, donde terminarás de solidarizarte con la ciudad y comprender su ritmo y personalidad.