La tradición londinense al alcance de los bolsillos modernos

Londres en el siglo XVI fue testigo del hueco que un actor, director y autor provinciano se hacía en la industria teatral del momento. William Shakespeare convivía con dramaturgos de culto como Ben Jonson o Christopher Marlowe junto a un público poco versado que acudía a teatros que se incendiaban y se levantaban una y otra vez. El Globe Theatre (£10.50 visita + exhibición) reconstruye para el siglo XXI el espíritu teatral del renacimiento inglés cerca del puente South Wark.

Este y otros periodos en los que Inglaterra marcaba el paso, persisten en la sociedad actual y para toparse con ellos no hay que hacer grandes esfuerzos. En este sentido, Londres destaca entre las capitales mundiales por una férrea protección tradicional, que el viajero identifica superficialmente con los autobuses rojos o conducir por el carril izquierdo. Podría reducirse a una herencia victoriana, pero sigue constituyendo una identidad, hoy inevitablemente mestiza.

A principios del siglo XX era la ciudad más poblada del mundo y, a pesar de haber perdido esa categoría, presume de tener el aeropuerto con más tráfico internacional, el de Heathrow. Llamados por lo pintoresco que resulta el pack Cambio de Guardia Real (en Buckingham Palace a las 11.30h.) + China Town, es unos de los destinos turísticos más demandados y centro de la inmigración en Gran Bretaña (el 20% de la población).

La consecuencia, considerando además que toda multinacional que se precie tiene sede en la ciudad, es que no estamos en una ciudad barata a pesar de la equiparación cada vez mayor de su moneda, la libra, al euro.

El visitante de pocos recursos tendrá que preveer una serie de gastos extras, por ejemplo en las comidas si no quiere comer todos los días fish and chips o en un burguer. Sin embargo, Londres ofrece oportunidades para ahorrase algo de dinero de las que hay que estar pendiente para que no se nos escapen.

westminster

Reservar un albergue en Londres es la mejor opción de calidad/precio para pernoctar en la ciudad, mucho mejor que en los hoteles. Sin superar los 20 € podemos encontrar habitaciones compartidas donde encontrarnos a gusto e incluso a precios inferiores si nuestra estancia fuera superior a una semana.

El uso del metro -The Tube coloquialmente- por un adulto supone un desembolso de £4 por un solo trayecto. Para combatir este susto inicial hay dos alternativas. La travel Card es la ideal para el visitante de uno (£7.20), tres (£18.40) y siete días (£25.80), que desea conocer a fondo la ciudad. La Oyster Card, en cambio, es la fórmula más rentable en largas estancias y usada por los londinenses. Se carga con el importe que más tarde usaremos para ahorrarnos un 50%. Como la Travel Card, se acepta también en los autobuses.

Cubierta la entrada en el que fuera el primer desarrollo de metro en Europa, iniciaremos la marcha por algunos de los 32 distritos que rodean el mayor centro bursátil del mundo, la City. Fue la extensión medieval de la ciudad, aunque estuvo delimitada ya por los romanos. En la actualidad recoge a más de 300.000 trabajadores (los residentes no llegan a 10.000) que conviven cada día con las visitas al primer rascacielos bretón, el NatWest Tower.

La mayoría de las zonas que recorrer se sitúan a uno de los márgenes del río Támesis. El edificio llamado “las casas del Parlamento” descansa en plena orilla y ofrece una de las vistas nocturnas más espectaculares de la ciudad. La cámara de los Lores y los Comunes, junto al famoso neogótico Big Ben tienen su sede en este palacio, cuya versión actual proviene de Carles Barry. La visita gratuita y guiada a la cámara de los Comunes es muy recomendable.

Cerca del edificio, la abadía de Westminster roba protagonismo a la catedral de homónimo nombre por su arquitectura y por el amplio número de personalidades ahí enterradas. Su visita, al igual que la del Palacio de Buckingham (cerca de Green Park) o la catedral de San Paul superan las 10 libras, lo que nos obligará a disfrutarlos desde el exterior si disponemos de pocos recursos. Otra opción es hacernos del London Pass (£39, £46 con abono de transportes) que incluye la entrada a 50 atracciones más (también la carísima entrada a la Torre de Londres), acompañada por una guía para el viajero.

Trafalgar Square y Piccadily Circus serán el enclave donde el viajero pueda destinar tiempo a las compras o a sentir el pulso acelerado de la vida londinense. Un buen prólogo para los frisos del Partenón sitiados en el British Museum o para la colección impresionista de la National Gallery. Una circunstancia que no se debe desaprovechar es que los museos más importantes de la ciudad, los citados, son gratuitos.

El Támesis nos sigue abriendo paso a puentes y a los Docklands, puerto comercial desde donde se afianzaron las relaciones con Asia y Norteamérica. Parte de la marginalidad del carácter inglés y de su capital dentro de la Europa actual viene de esos contactos y de la diversidad de invasiones que recibieron. Los vikingos y sajones marcaron la diferencia, pero en 2009 la multiplicidad de nacionalidades y la tendencia del siglo XXI nos ha igualando a todos.

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