Desde hace más de dos siglos y hasta nuestros días, el café se mantiene como una de las bebidas más populares en el mundo occidental. El grano del cafeto es considerado como un producto básico* que tiene una gran importancia para la economía de numerosos países productores que, en algunos casos, dependen en gran medida de su exportación hacia los países consumidores para obtener divisas. Para tal efecto, el grano debe pasar por un proceso que involucra a productores, beneficiadores, comercializadores, etcétera, por lo que en este primer apartado se hará una breve descripción de algunas de las características más importantes tanto del cafeto como de la industrialización y comercialización de su fruto.
Para ello, en un primer momento nos situaremos dentro del espectro biológico, describiendo los elementos físicos que son idóneos para su crecimiento como la altura, precipitación anual o su ubicación geográfica. Posteriormente se resumirán las etapas por las que tiene que pasar el grano desde su producción hasta el consumo final o su uso como insumo en otras industrias, por lo que se describirá la manera de reproducir al cafeto, su beneficiado húmedo y seco, la torrefacción, solubilización, etcétera.
En el ámbito internacional se diferencian cuatro calidades básicas de café, que de acuerdo a su lugar de origen, son los siguientes: suaves colombianos, cultivados en Colombia, Kenia y Tanzania; otros suaves, que crecen en Centroamérica, México, India, Zaire, etcétera; arábigos no lavados, que provienen principalmente de Brasil, Etiopía, Bolivia; y robustas, de Angola, Vietnam y Nigeria, entre otros.
En visitas de campo realizadas a Cuetzalan y Tapachula se pudo observar que el método más usado para producir plantas de café consiste, en primer lugar, en remojar semillas previamente seleccionadas hasta que se hinchan un poco y empiezan a germinar, luego se depositan en planchones de arena donde se mantienen húmedas y protegidas de los rayos del sol. Aproximadamente dos meses después, las plantas se depositan en bolsas con tierra debidamente preparadas y abonadas a las que en conjunto se llama almácigo.
La dinámica del sistema agroindustrial del café en todos los países productores está influida en distintos sentidos por el comportamiento del mercado mundial, entre otras causas, porque dicho cultivo se extendió hasta alcanzar a más de 50 países de los continentes Americano, Asiático y Africano. Por otro lado es uno de los pocos cultivos que se destinan en su mayor parte a la exportación, además de que sus precios y buena parte de la tecnología usada en su producción y procesamiento provienen de países no productores.
Si bien muchas de las características anteriores son aspectos sobre los que difícilmente se pueden incidir, su conocimiento es fundamental para decidir el tipo de respuestas que los diversos agentes como productores, comerciantes, instituciones, beneficiadores y exportadores deben dar para poder desarrollarse con mayores probabilidades de éxito [1].
Cabe destacar en este punto que son pocos los factores internacionales que por sí solos pueden afectar sensiblemente la producción y por ende los precios mundiales del grano; en general, tales factores sólo tienen un efecto local de corta o mediana duración. En este sentido debemos señalar que las constantes fluctuaciones de precios obedecen más comúnmente al efecto combinado de numerosos factores de diversa índole, que en conjunto tienen mayores repercusiones en la oferta y la demanda mundiales del grano.
En este apartado describiremos los efectos que para la producción mundial del grano tuvo el término de las cláusulas económicas del CIC debido a sus repercusiones dentro del mercado y para los países productores. Posteriormente se enunciarán algunas de las características más importantes de dichos países, como su producción anual y las variaciones con respecto a otros años, y el lugar que por ello ocupan como productores mundiales durante los años noventa. Al mismo tiempo mostraremos ciertos ejemplos de la influencia de determinados factores internacionales en la disminución o incremento de sus cosechas. Los dos criterios que se siguen para la selección de los países en estudio son los de importancia por volumen producido y capacidad para incrementar su producción, todo ello tanto para los granos arábicos como los robustas.
En este apartado definiremos a la oferta de café como la suma de la producción de un año cafetero determinado, más las existencias de arrastre procedentes del año anterior, menos el consumo interno de los países productores [1].
Con base en ello, haremos un recuento de algunas de las consecuencias de corto y mediano plazos que para los países productores tuvo el término del CIC, tomando en cuenta la gran diferencia en el volumen producido por país y la estrecha correspondencia que existe entre la producción de un grano dedicado mayoritariamente a la exportación y su oferta en el mercado internacional.
También describiremos las consecuencias del término de las cláusulas económicas del CIC en la vida de los pequeños cafeticultores, quienes representan a cerca del 90% de los productores del mundo y que se encontraban menos preparados para enfrentar la crisis que sobrevino de 1989 a 1993.
En este apartado analizaremos la demanda mundial del café y las transformaciones que ésta ha experimentado dentro de nuestro periodo de estudio. Ello se hará primeramente detallando algunos componentes de la demanda, para luego enunciar las tendencias en el consumo desde la perspectiva de los tres primeros compradores del mundo, para posteriormente describir sus principales canales de comercialización. Finalmente se explicará cuál ha sido el desarrollo de la demanda dentro de los propios países productores.
El consumo del café en los países desarrollados tiene su antecedente, como nos explica la doctora Aurora C. Martínez Morales [1], en el antiguo sistema de dominación colonial sobre los territorios, el cual hizo posible trasladar los recursos de éstos a la estructura económica de las metrópolis. Ello propició el desenvolvimiento de ciertas costumbres alimenticias y de ingesta de estimulantes en el seno de las capas acomodadas de esas sociedades.
La cafeticultura en nuestro país tiene una importancia económica y social considerable que, según el Ingeniero Gabriel Gómez, tiene sus cimientos a finales del siglo XVIII, cuando ya se habían registrado las primeras exportaciones del grano provenientes de Córdoba. Debido a la guerra de Independencia, el cultivo fue abandonado, retomándose hasta 1817[1].
Por su parte, Mariano García señala que es hasta poco después del año 1820 que se tienen noticias del cultivo del arbusto en la zona del Soconusco [2]. Ya desde mediados del siglo XIX Don Matías Romero vio que algunos de los factores que podían hacer redituable el cultivo del café se encontraban en México: terreno y clima apropiados, cercanía con los centros de exportación a fin de no recargar los costos con fletes innecesarios y mano de obra barata en la época de cosecha. Don Matías Romero también impulsó fuertemente el desarrollo de la economía cafetalera en general, especialmente la inversión extranjera, así como la ampliación de la demanda de nuestro café en Estados Unidos [3].
En el presente apartado vamos a describir algunos de los principales problemas económicos que afectan al sector cafetalero desde finales de los años ochenta, cuando varios elementos de orden interno y externo se conjugaron para dar lugar a una de las peores crisis experimentadas dentro del sector. Entre ellos se describirán algunos elementos que dificultan a los pequeños cafeticultores la obtención de mayores ingresos por sus cosechas, como los bajos rendimientos por hectárea o el minifundismo que caracteriza a la cafeticultura mexicana, situaciones que se compararán con diversas observaciones de campo*. También analizaremos algunos de los efectos que esta crisis tuvo en los ramos comercial y financiero.
Así, uno de los antecedentes para la crisis cafetalera de 1989 se encuentra en 1978, cuando el crédito bancario canalizado hacia el sector agropecuario, que había ido aumentando desde principios de esa década, cayendo por debajo del 60% del total, acentuándose dicha tendencia después de 1988 con sólo 41% en dicho año, 38% en 1990 y 35% en 1991.
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