Autores: Thorwarld Dethlefsen y Rüdiger Dahlke, y publicado en http://psicologos.mx
El sueño es una necesidad instintiva. Dormimos un tercio de la vida. La falta de sueño se percibe como una de las mayores amenazas.
Deseamos dormir pero con frecuencia percibimos la amenaza que nos llega del mundo del sueño. Tratamos de desechar estos temores restando importancia al tema (“Sólo ha sido un sueño”). Pero reconocemos que en el sueño experimentamos y vivimos con la misma sensación de realidad que en la vigilia. Quien medite sobre el tema tal vez saque la conclusión de que el mundo de la vigilia es también ilusión, sueño como el sueño nocturno, y que ambos mundos sólo existen en nuestra mente.
¿De dónde sale esta idea de que la vida diurna es más real que la de los sueños? ¿Quién nos autoriza a poner un “sólo” delante de la palabra sueño? Cada experiencia de la mente es igual de verdadera, no importa que la llamemos realidad, sueño o fantasía. Puede ser un buen ejercicio mental invertir la óptica habitual de la vida y el sueño e imaginar que el sueño es nuestra verdadera vida, interrumpida a intervalos regulares por periodos de vigilia.
“Wang soñó que era una mariposa. Estaba entre hierbas y flores. Revoloteaba de un lado a otro. Luego despertó y no sabía si era Wang que soñaba que era una mariposa o era una mariposa que soñaba que era Wang.”
Esta inversión es un buen ejercicio para descubrir que la consciencia de día y de noche se compensan mutuamente. Por analogía, corresponde al día la luz, la vigilia, la vida y la actividad, y a la noche, la oscuridad, el reposo, el inconsciente y la muerte.

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