Cuentos: Como nació la alegría

Cuentos para pequeños y grandes.
A los contadores de historias:

El mundo de los niños no es tan risueño como se piensa. Hay miedos confusos y difusos; tenemos la experiencia de las pérdidas: animales, cosas, personas que se van y no regresan… Lo obscuro de la noche: el mundo entero se ausentó. ¿Volverá?

A los adultos esto no les agrada e inventan cuentos de niños y niñas donde hay sólo sonrisas. Tal vez para convencerse a sí mismos de que su infancia fue feliz…

Escribí estos cuentos en la Colección "Historias para pequeños y grandes" sobre temas dolorosos que me proporcionaron los niños. No es posible hacer de cuenta que esos temas no existan. A los malos espíritus los espantamos llamándolos por su nombre real… El objetivo de los cuentos es pronunciar el nombre, dar a los niños símbolos que les permitan hablar sobre sus miedos. Y es siempre más fácil hablar sobre sí mismos haciendo de cuenta que se está hablando de flores, de sapos, elefantes, patos…

Hay cuentos que pueden ser escuchados en discos, casetes o leerlos simplemente a solas… son cuentos graciosos. Otros deben ser contados por alguien.

Cuando se anda por lo oscuro del miedo es siempre importante saber que hay algún amigo cerca de nosotros. Alguien que está contando la historia. No estoy solito… Ni el libro que se lee, ni el disco que se escucha tienen el poder de espantar el miedo.

Es necesario que se oiga la voz de otro que dice: – Aquí estoy, hijo mío.

Esta historia fue construida en torno al dolor de la diferencia: el niño que no se siente igual a los demás por alguna marca en su cuerpo, en su manera de ser…

Esta es una historia, lo se muy bien, que puede ser contada también a los papás. También ellos sienten el dolor dentro de los ojos. Algunos de los diálogos fueron sacados de la vida real.

La vida lidia con algo que duele mucho: y no es la diferencia en sí misma, sino el aire de espanto que el niño percibe en los ojos de los demás. Dicen los poemas sagrados que después de la primera caída, los ojos fueron la primera parte del cuerpo que fue envenenada. De órganos de cariño, los ojos, se transformaron en feroces. Hombres y mujeres descubrieron el embarazo de la diferencia y se escondieron… El miedo a los demás es un sentimiento universal. A todos nos gustan los ojos mansos…

En esta historia diferencia no se resuelve de forma exitosa, como sucede en la historia del Patito Feo. Lo que cambia no es la diferencia, son los ojos…

Tu puedes no creerlo pero es la neta: muchos años atrás la tierra era un jardín maravilloso. Es que los ángeles, ayudados por los elefantes, regaban todo con regaderas llenas de agua que ellos sacaban de las nubes. Esta era su primer tarea diaria. Cuando se olvidaban, las plantas empezaban a secar, se apachurraban… Para que eso no sucediera, Dios llamó al gallo y le dijo:

- Gallo, después de que el sol aparezca, muy tempranito, canta muy fuerte para que los ángeles y los elefantes se despierten…

Y es por eso que aún hoy, los gallos cantan por la mañana…

Había miles de flores. Todas eran lindas. Pero desgraciadamente todas eran igual de vanidosas y cada una pensaba que era la más bella.

Y exhibiendo sus pétalos unas a otras, se preguntaban sin parar:

- ¿No soy yo, la más linda de todas?

Hasta parecían la madrastra de Blanca Nieves. A causa de su vanidad, ninguna de ellas oía lo que las otras decían y ni se daban cuenta que todas eran igual de bellas. Por eso todas quedaban sin respuesta. De esta forma, eran bellas e infelices.

En medio de tanta belleza infeliz, un cierto día sucedió una cosa inesperada. A una florecita que estaba creciendo dentro de un botón y que debería ser igualmente bella e infeliz, una espina le rasgó uno de sus pétalos al nacer. La florecita ni se dio cuenta y vivía muy feliz con su pétalo rasgado. No le dolía. Era un pétalo blando. Era amigo.

Hasta que ella comenzó a notar que las otras flores la miraban con unos ojos de espanto. Fue cuando se dio cuenta que era diferente.

- Papá, ¿por qué me miran las otras flores así, con tanto espanto, con sus ojos fijos en mi pétalo…?

- ¿Por qué será, qué crees?, preguntó el papá.

La verdad es que ya sabía todo. Pero no le quería decir. Quería que la florecita tuviera el coraje para ver a las vanidosas y que amara su pétalo.

- Creo que es porque soy medio rara…, respondió la florecita. Y se fue poniendo triste, triste… No por causa de su pétalo rasgado, sino por los ojos se las otras flores.

- Ya estoy cansada de explicarles. Yo nací así… Pero me siguen pregunte, pregunte y pregunte…

Hasta que lloró. Cosa que nunca había pasado con las flores bellas y felices.

La tierra se llevó un gran susto cuando sintió la gota de una lágrima calientita, pues las otras flores no lloraban.

Y le habló al árbol muy bajito para contarle:

- La florecita esta llorando. Y la tierra lloró también.

El árbol le habló a los pájaros y les contó lo que estaba sucediendo. Y, mientras hablaba, se fueron sus ramas marchitando, doblándose en un largo lamento, y sigue llorando hasta hoy, a la orilla de los ríos y de los lagos aquel árbol triste que tiene el nombre de llorón. Y de las puntas de sus ramas corrían las lágrimas que se transformaron en un hilito de agua…

Los pájaros volaron hasta las nubes.

- Nubecitas, la florecita está llorando.

Y lloraron lágrimas que se transformaron en gotas de lluvia…

Y lloraron también las nubes, juntándose a los pájaros en una lluvia enorme que lloriqueó del cielo…

Las lágrimas de las nubes mojaron los vestidos de los angelitos que jugaban en el suave cielo. Y quisieron saber lo que estaba sucediendo. Y cuando supieron que la florecita estaba llorando, lloraron también…

Y Dios que era una flor… ¿Sabías que en el mundo de las flores Dios es también una flor? Y Dios, que era una flor, comenzó a llorar también.

Y su dolor fue tan grande que, despacito, como si fuese una espina, fue rasgando uno de sus pétalos. Y Dios quedó tal y como la florecita.

Y aquel llanto de todo: de la tierra, de los árboles, de los pájaros, de los ángeles, de Dios, se hizo lluvia como nunca había caído.

El sol, siempre amigo y juguetón, no aguantó ver tanta tristeza. Lloró también. Y su boca triste se volvió un arco iris…

Y las lluvias se hicieron ríos y los ríos se hicieron mares. En los ríos nacieron peces pequeños. En los mares aparecieron los peces grandes.

La florecita abrió los ojos y se espantó con todo aquel lloriqueo. Nunca pensó que fuese tan querida. Y su tristeza fue cambiando, allá dentro, le dio una especie de escalofrío en el corazón y su boca se hizo oblicua, con una sonrisa muy sabrosa…

Y fue cuando sucedió el milagro. Las flores bellas e infelices no tenían perfume porque nunca reían. Cuando la florecita sonrió por primera vez, el perfume rico de la flor se esparció. El perfume es la sonrisa de la flor.

Y el perfume fue llamando animales y más animalitos… Vinieron las abejas… Vinieron los colibríes… Vinieron las mariposas… Vinieron los niños. Uno a uno, besaron a la única flor perfumada, la flor que sabia sonreír. Y sintieron, por primera vez, que la florecita allí dentro de su sonrisa, era dulce, hacia miel…

Esta es la historia del nacimiento de la alegría. De cómo de la tristeza salió el llanto, del llanto surgió la risa y la risa se hizo perfume.

La florecita no se olvidó de su pétalo rasgado. Sólo que de ese día en adelante ya no sufrió más al mirarlo, sino que le agradaba como buen amigo.

En cuanto a los elefantes, regadores con los ángeles, ya no los volvieron a usar…

De vez en cuando, mirando a las nubes, vemos algunos elefantes guardados allá dentro, ya viejos y cubiertos de telarañas… Mientras la florecita de pétalo rasgado esté en este mundo, la lluvia continuará cayendo y seguirán los juegos de ronda alrededor de su sonrisa y de su perfume, no tendrán fin…

Tradujo Jesús Ramírez Funes, MCCLP, México 1992. Como nasceu a alegria?, Edições Paulinas, São Paulo, l987.

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