
Había una vez, hace muchos, muchos años, en un reino muy lejano, una reina y un rey que tuvieron una hermosa niña a la que llamaron Aurora.
Para la fiesta del bautismo, los reyes invitaron a todas las hadas del reino pero, desgraciadamente, se olvidaron de la malvada Maléfica.
Estaba furiosa y aunque no fue invitada, Maléfica igual fue al castillo el día de la fiesta, y cuando paso por delante de la cuna de la niña, le hizo un maleficio diciendo: “Al cumplir los dieciséis años te pincharás con una aguja y morirás”.
Pero cerca estaba el hada buena que al oír lo que decía Maléfica, le hizo otro encantamiento para evitar la terrible condena de la malvada: “Al pincharse en vez de morir, Aurora permanecerá dormida durante cien años y solo el beso de un príncipe la despertará.”
Pasaron los años y Aurora se convirtió en una princesita muy hermosa.
El rey había ordenado que fuesen arrojadas fuera del castillo todas las agujas, con el fin de evitar que la princesa pudiera pincharse.
Pero eso de nada le sirvió, porque al cumplir los dieciséis años, la princesa que recorría el castillo, llegó a un lugar desconocido y se encontró con una vieja sorda que estaba hilando…