Después de la Revolución mexicana, la reforma agraria permitió la redistribución de un número importante de tierras bajo la forma de ejidos. Con este sistema, los agricultores tenían la libertad de elegir sus cultivos. Es interesante como, entre 1930 y 1960, México fue autosuficiente en materia de producción de agrícola. Sin embargo, la crisis acabó con el dinamismo de este sector. En efecto, las políticas económicas subsiguientes alentaron principalmente la agricultura de exportación y el uso de las tierras para el pastoreo. Esta estrategia provocó serios desequilibrios en la distribución de los recursos, el desempleo y el empobrecimiento de la tierra. Por otro lado, la adquisición de créditos públicos por parte de los grandes propietarios favoreció el abaratamiento de los costos a expensas de los pequeños productores, quienes no tienen acceso a los avances tecnológicos.
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