13. Características sociales de la cafeticultura mexicana

Desde el punto de vista social, la importancia del café reside en que más de 190,000 productores y aproximadamente 350,000 jornaleros participan en este cultivo, además de que considerando las familias de estos grupos y las del personal ligado a la transformación y comercialización del grano, alrededor de 3 millones de mexicanos dependen del café en algún grado[1].

Junto a ello, durante los doscientos años de cultivo y transformación del café, se han generado una serie de particularidades que se manifiestan por regiones cafetaleras, entendiéndose por región el área geográfica integrada por varios municipios contiguos y características geográficas semejantes; donde generalmente alguna cabecera municipal se ha desarrollado más que otras y constituye el centro económico, comercial y hasta político del área.

Mujeres cafeticultoras

“La doctora Margarita Nolasco determinó geográficamente, en las regiones cafetaleras, las redes que vinculan los municipios pequeños a localidades medianas constituidas en centros de acopio, entre otras Putla, Miahuatlán, Tuxtepec, Mitla, Ixtepec y Matías Romero en el estado de Oaxaca. En San Luis Potosí, Tamazunchale; en Puebla, Huauchinango, Tehuacán y Cuetzalan; en Chiapas Venustiano Carranza, San Cristóbal de las Casas y Ocosingo, y en el estado de Veracruz, Coatepec, Huatusco, Zongolica, San Andrés Tuxtla y Catemaco.

Estos centros vinculan las transacciones comerciales con los grandes centros de comercialización nacionales en las ciudades de Oaxaca, Tuxtla Gutiérrez y Tapachula en Chiapas.

Los empresarios comercializadores de estas ciudades concentran sus operaciones de compra-venta del grano, así como las financieras (de inversión y crediticias) en las ciudades que se han convertido en asiento de las empresas que realizan los grandes movimientos de café, ya sea para exportación o para el mercado nacional. Estas ciudades son: Jalapa, Monterrey, Oaxaca, Córdoba y México, D.F., donde operan grupos de exportadores, finqueros e industriales del café”[2].

Sin embargo, debemos resaltar que de los 9,748 productores registrados por el Censo Cafetalero de 1986/87, 14.6% son productores de infrasubsistencia, 51.8% de subsistencia y sólo el 29% son excedentarios. Además, el 95.4% de todos los productores se incluyen en la categoría de campesinos, mientras que solamente el 4.6% pertenecen a la categoría de empresarios, de los cuales cerca del 3% son pequeños y el resto medianos y grandes[3].

Los elementos diferenciadores entre el campesino y el empresario son:

1.- Relación capital – trabajo. Esto se refiere a la magnitud de la fuerza de trabajo asalariado incorporada al proceso de producción. A partir de esta variable la categoría de campesino se asocia al predominio de fuerza de trabajo familiar, siendo marginal o poco significativo el trabajo asalariado. Por el contrario, en el sector empresarial prevalecen las relaciones de trabajo asalariado.

2.- Recursos productivos. Se consideró a la tierra, principalmente a la cultivada con café, la cual permite hacer la diferenciación entre el campesino y el empresario, en función del potencial productivo.

3.- Capital fijo. La cantidad de infraestructura productiva que posee el productor refleja no sólo su nivel de capitalización y su diferencia con respecto a otros, sino también su potencialidad para obtener mejores rendimientos y calidad del producto.

4.- Producción. El volumen de café generado por el productor como variable diferenciada y que, al mismo tiempo, es resultado de la magnitud de los recursos productivos que posee.

5.- Ingreso. Los recursos monetarios obtenidos por la venta de café[4].

En esta situación, dentro de los países productores como el nuestro, la estructura de poder [político] está subordinada a diversos grupos con poder económico y por lo tanto, le es difícil poner en marcha acciones que favorezcan los intereses de los sectores productivos más desprotegidos. Esta característica de la correlación de fuerzas, se acentúa porque los capitales nacionales más desarrollados tienen un alto grado de asociación con los intereses del capital transnacional[5].

Como podemos ver, esta situación ha provocado que los pequeños productores vivan prácticamente empeñando su cosecha, pues apenas la recogen y finiquitan sus adeudos anteriores, deben buscar nuevos créditos a cuenta de la próxima cosecha, pues de otra manera les sería imposible pagar la mano de obra para las labores agrícolas del cafetal y solos no alcanzan a realizarlas; incluso ellos mismos muchas veces dependen de tales créditos para satisfacer sus necesidades más básicas[6].

Sin embargo, para el pequeño o mediano productor con capacidad para beneficiar o secar la cereza, la sujeción a las condiciones diarias del mercado se da debido a su bajo nivel de capitalización, lo que le impone la necesidad de obtener inmediatamente el dinero producto de su cosecha[7]. En esta dinámica, los finqueros y compradores locales (coyotes) juegan un papel muy importante debido a su capacidad para otorgar créditos y transformar el producto, situación para la cual se encuentran mejor preparados que las instituciones gubernamentales.

Se ocupan también de despulpar, secar y retrillar el aromático que producen ellos mismos y el de otros productores, a quienes cobran una cuota por el servicio y eventualmente les compran el producto ya maquilado hacia el final de la cosecha, cuando han asegurado pedidos a precios determinados, sin correr riesgos de altibajos en el precio. Así el minifundio se integra a la finca mediante el financiamiento de los cultivos a cuenta de café, la maquila y compra del aromático. Pero este capital, antes que financiero, es un capital comercial que busca medrar de la situación estructural de sus vecinos[8].

 

La cafeticultura y su relación con la fuerza de trabajo.

En este apartado vamos a ver cuál es la importancia de la cafeticultura en relación con la fuerza de trabajo que utiliza durante todo el año, haciendo notar que en México ésta actividad requiere más trabajadores de noviembre a marzo (época del corte del grano), por lo que no se tiene un flujo regular durante todo el año. Así, durante el ciclo 1996/1997 la fuerza de trabajo que se ocupó en labores relacionadas con la cafeticultura representó el 10% de los empleos generados por la agricultura del país[9].

“Alfredo Moisés Ceja, presidente de la Confederación Mexicana de Productores de Café (CMPC), mencionó que el café es un generador neto de empleo, debido principalmente a las condiciones topográficas en donde se encuentran las fincas cafetaleras del país: ‘nosotros no podemos meter maquinaria como lo hacen en Brasil. Las condiciones topográficas en donde se cultiva el café en México son totalmente quebradas, no cabe la maquinaria, por lo que el trabajo tiene que ser 100% manual. Inclusive se considera que las labores cafetaleras desde la siembra, las limpias, la fertilización y el corte son actividades artesanales que difícilmente van a poder mecanizarse.

‘La mecanización puede llegar solamente ha [sic] algunas zonas productoras, pero es seguro que el 70% de los terrenos en donde se desarrolla la actividad cafetalera no podrán entrar las máquinas”[10].

Como po
demos ver, la magnitud de fuerza de trabajo empleada durante el proceso de producción constituye una variable que nos permite hacer una clara distinción entre los diversos tipos de cafeticultores. Considerando a los productores en relación con las cinco labores más importantes del cultivo como son, limpia o chapeo, poda, deshije, resiembra y almácigo, tenemos que los de infrasubsistencia incorporan 95 jornales de trabajo, en su mayor parte familiares; en los de subsistencia, aun cuando el número de jornales supera en más del 100% al primero, ya que alcanzan los 238, no dejan en buena medida de ser de carácter familiar, por su parte, en el grupo de campesinos excedentarios el número de jornales incorporados en estas labores asciende a 493, poco más de 100% con respecto al estrato anterior, finalmente, los pequeños empresarios emplean alrededor de 770 jornales, lo cual equivale a más de 8 veces que el estrato de campesinos de infrasubsistencia además de que se dan relaciones de trabajo asalariado[11].

En lo que respecta a la cosecha, se puede hacer una distinción más precisa entre los jornales asalariados y los de carácter familiar. En los productores de infrasubsistencia el trabajo asalariado representa el 47% y el familiar 53%; en el estrato de subsistencia la proporción es de 61% de asalariados y 39 familiar; en el grupo de campesinos excedentarios la relación es de 63% de asalariados y 37 jornales familiares; finalmente, en los empresarios pequeños, aunque todavía incorporan fuerza de trabajo familiar, el 80% de los jornales son asalariados[12].

Algo muy característico de las fincas cafetaleras es que toda la familia trabaja. Al padre de familia se le encomiendan las tareas más pesadas como en el transportar los granos al beneficio para su procesamiento, o bien, realizar la fertilización o fumigación de las plantas. Mientras que los demás se dedican a la selección de granos o se les ubica en los almácigos, en donde se requiere una mano más fina[13].

Junto a lo anterior, la importancia del trabajo en las fincas cafetaleras también se observa al considerar que el productor con una parcela muy pequeña depende, para su subsistencia cotidiana, de la venta de su café y de la posibilidad de emplearse como asalariado en cafetales mayores, pues la diversificación de cultivos en su propiedad es casi nula. Si consideramos los bajos salarios pagados al trabajador en las grandes fincas*, podemos constatar que su nivel de vida es muy precario, pues a todo lo anterior se suman las condiciones deficientes de los niveles de salud, educación, vivienda, etc., imperantes en las zonas cafetaleras, y que corresponden a los más bajos del país.

Finalmente podemos decir que las oportunidades de empleo que otorga la cafeticultura nacional no son únicamente para los mexicanos, sino también para trabajadores centroamericanos, que año con año atraviesan la frontera sur para trabajar en las fincas mexicanas. Se ha constatado que más del 60% de los trabajadores de las fincas chiapanecas, por ejemplo, son principalmente de origen guatemalteco[14], y existen otras en la misma zona que incorporan incluso un 90%, siempre para las labores más difíciles.

 

Situación del café en algunas regiones de México.

De las 740,000 hectáreas destinadas a la producción del grano en los doce estados de la República Mexicana, se estima que el mayor potencial se encuentra en 450,000 de ellas, según estima Alfredo Moisés Ceja, Presidente de la Confederación Mexicana de Productores de Café[15]. Esto se debe en parte a las condiciones climáticas tan diversas que caracterizan a la cafeticultura de cada estado del país, además del extendido minifundismo que priva en las regiones cafetaleras. De ahí que en este apartado hagamos una breve descripción de algunos de los elementos distintivos de ciertas zonas.

Así, el café en México es cultivado en tierras privadas, comunales y ejidales, donde los mayores contrastes en el tamaño de las tierras se encuentra en el sector privado. En Veracruz y Puebla la mayoría de las plantaciones de café son privadas, mientras que en Chiapas dominan los ejidos, y en Oaxaca las tierras comunales. El 91% por ciento de las tierras privadas se concentra en estos cuatro estados, 73% de las tierras comunales y 76% de las tierras ejidales[16].

En el ámbito nacional predominan los ejidatarios con 39% de la tierra, seguidos por los pequeños propietarios con 35%, los comuneros con 21% y los tipos de usufructo, arrendatarios y tenencia indefinida con 4%. La relativa importancia de la tenencia comunal y en parte ejidal, es un indicador de la importancia social del café, sobre todo en varias regiones marginadas, principalmente indígenas. Sin embargo, el carácter minifundista de la producción de café se encuentra presente en todos los tipos de tenencia[17].

Esta característica de minifundio constituye una fuerte limitación para la reactivación de la cafeticultura en esas zonas ante una tendencia negativa de los precios del café pergamino y verde, lo que limita la incorporación de los insumos necesarios para mantener los niveles de productividad, el acceso al crédito, etc.

Según cifras del último Censo Cafetalero del Inmecafé (1992), en el Soconusco existen 15,043 productores y la superficie cultivada con café asciende a 77,123 hectáreas. Esto significa que el 18.2% de los productores y el 32% de la superficie cultivada con este grano en Chiapas se encuentran en esta región. No obstante el peso relativo que ejerce el Soconusco y su relevancia como objeto de estudio radica en que se trata de una región donde coexisten las formas más diversas de producción y de productores. En efecto, cerca del 81% del total de productores poseen el 38.2% de la superficie cultivada con café, con predios de hasta 5 hectáreas. En otro extremo, tenemos que el 4.8% de los productores detentan el 40.5% de la superficie cultivada, con áreas que van de 10 a más de 60 hectáreas. En el universo de unidades productivas podemos encontrar ejidos, pequeñas propiedades, ranchos, cantones y las llamadas fincas, cuya característica más sobresaliente es su carácter empresarial con extensiones que rebasan las 100 hectáreas[18].

Por su parte, Veracruz se constituye como el segundo estado productor, albergando aproximadamente a 67,000 productores que cultivan 152,000 ha.; en el ciclo 96/97 la producción fue de 1’531,300 Qq., cifra que representa el 23% del total nacional, con un rendimiento promedio de 11.06 Qq/ha[19].

Finalmente, en el estado de Oaxaca un 39% de la población pertenece a uno de los 16 grupos étnicos que existen en el estado. El nivel de analfabetismo se encuentra cerca del 27%, y 53% de la población económicamente activa permanece en el sector primario. El estado tiene 9.5 millones de hectáreas de terreno, de las cuales sólo el 12% es apropiado para actividades agrícolas; la mayoría de las tierras están formadas por colinas muy inclinadas. Del total de la tierra, 64% (ejidal y comunal) pertenece a las comunidades, donde sólo la tenencia comunal representa el 47% de la tierra del estado. De acuerdo con los niveles de pobreza en México, Oaxaca comparte con los estados de Chiapas y Guerrero los más altos niveles en el país[20].

 

Notas

[1] Vinicio H Santoyo Cortés, et al, op. cit. Pág. 5

[2
]
Aurora C. Martínez Morales, op. cit. Pág. 29

[3] Daniel Villafuerte Solís y Salvador Meza Díaz, op. cit., Integración finca-ejido en la cafeticultura del Soconusco, en El café en la frontera sur. La producción y los productores … op. cit. p. 101.

[4] Daniel Villafuerte Solís y Salvador Meza Díaz, “Los productores de café del Soconusco”, en Daniel Villafuerte Solís (coord.); op. cit.; Págs. 99-100

[5] Tomado de Aurora C. Martínez Morales, op. cit. Pág. 11

[6] Gabriel Ascencio Franco, op. cit. Pág. 79

[7] Aurora C. Martínez Morales; op. cit.; Pág. 22

[8] Gabriel Ascencio Franco, op. cit. Pág. 78

[9] Rodolfo Valadez, “La cafeticultura: generadora de empleo y oportunidades”, en El café en México; op. cit.; Pág. 14

[10] Rodolfo Valadez; la cafeticultura, generadora de empleo y oportunidades, en El café en México; op. cit. Pág. 14.

[11] Daniel Villafuerte Solís y Salvador Meza Díaz, op. cit. Pág. 107

[12] Ibídem, Pág. 108

[13] Rodolfo Valadez, op. cit., Pág. 15

* En una visita realizada a una finca del Soconusco pude constatar que los sueldos varían tanto por la actividad realizada (corte, chapeo, almácigos, etc.) como por la modalidad de trabajo (por tarea o por un día completo), quienes percibían los sueldos más altos obtenían aproximadamente 30 pesos por día (enero de 1998), más dos comidas diarias.

[14] Rodolfo Valadez, “La cafeticultura: generadora de empleo y oportunidades”, op. cit. p. 15

[15] Rodolfo Valadez, “La falta de financiamiento frena el desarrollo de la cafeticultura”, en 100% café; Publicación de la Confederación Mexicana de Productores de Café, 1998; Pág. 9

[16] Gonzalo Piñón Jiménez, op. cit. Pág. 40, traducción libre.

[17] Vinicio H. Santoyo Cortés et al, op. cit. Págs. 29-30

[18] Daniel Villafuerte Solís, op. cit. Pág. 8

[19] Esteban Escamilla Prado, et. al, “Evaluación de sistemas de producción de café en Veracruz”, en Cafés de México; junio de 1998, No. 127; Pág. 19

[20] Gonzalo Piñón Jiménez, op. cit. Pág. 52; traducción libre.

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