"La oportunidad se deja alcanzar sólo por quienes la persiguen".
H. Jackson Brown
Indudablemente la producción orgánica es una alternativa con futuro, ya que los altos niveles de contaminación en nuestro entorno natural, por el abuso excesivo de agroquímicos, nos induce a pensar en esquemas de producción de nuestros alimentos con el mínimo riesgo de que éstos contengan elementos nocivos para la salud humana. Esto sin menoscabo de que cada vez más nuestros desechos nos inundan y que tenemos que pensar en su reciclaje, de ahí que en este curso se analice el modelo alternativo y sus componentes; el planteamiento de retos al futuro nos compromete a que actuemos con firmeza en la protección del ambiente, a la explotación agrícola en equilibrio, al uso de alternativas en el proceso de producción que sea factible para el agricultor, a diversificar la producción en un sistema sostenible, a mejorar nuestra cultura tecnológica y económica y a considerar al hombre como un sujeto del desarrollo y no como objeto.
La nutrición de la plantas debe estar inmersa dentro de un manejo agroecológico, aspecto que se trata con amplitud y con el detalle que el mismo reviste, tal como el uso de prácticas de abonamiento orgánico con vermicomposta, composta natural, biotierras y abonos fermentados, y el uso de biofertilizantes; así como la utilización de extractos vegetales y caldos minerales para el control de plagas y enfermedades. Es sabido que el conocimiento lo construimos con las experiencias y participación de todos los actores en el tema de cuestión, en el apartado se presenta la experiencia cubana en alternativas orgánicas y biológicas en fertilización.
En el ámbito global se ha incrementado el consumo de productos orgánicos, y la miel no ha sido la excepción. El principal país consumidor de miel orgánica mexicana es Alemania, le siguen Bélgica e Inglaterra. Es necesario recalcar que aun en los países desarrollados no se tienen datos sobre importación y exportación de productos orgánicos. Para el caso de miel mexicana, se exportaron más de 1,465 toneladas, lo cual coloca a México como el tercer país exportador de miel orgánica en el mundo, dicho volumen de exportación genera más de 3.7 millones en divisas.
La producción de miel bajo técnicas orgánicas es una actividad de reciente surgimiento "se tienen datos solamente desde 1996", por lo que representa únicamente 4 por ciento del sector apícola convencional en cuanto a volumen (2,5000 t) de producción.
The amount of organic production in Mexico has been increasing rapidly over the past several years, and today over 80 000 producers farm organically on over 300 000 hectares of land. The vast majority of this production is focused on monocrop farming of export goods " particularly coffee, but also cacao, coconut, and other fruits and vegetables. This situation raises questions regarding the degree to which organics is truly providing an economically, socially and environmentally sustainable alternative for Mexican producers and consumers. However, over the past three years a network of local organic markets has begun to emerge across the country.
These markets are an important means of ensuring that organic foods are not just available as a luxury product in the North, but also to consumers in the South. One of the many challenges confronting these new markets is that economic and bureaucratic barriers make it difficult for the small scale producers involved to obtain organic certification. The notion of participatory certification offers a means to address this problem, as it relies on a combination of community based inspections, transparency, and trust between producer and consumer to maintain the integrity of the organic label. While this system may be problematic for export oriented production, it is a useful way of helping promote and support local networks of organic production and consumption. Although still in its early phases, the Mexican experience with local organic markets and participatory certification offers an important alternative to the industrialized, export-oriented, "mainstream’ organic sector.
El presente libro Agricultura Orgánica de México es el resultado de las investigaciones y trabajos de campo realizados entre 2004 y 2006 por un amplio grupo de investigadores y alumnos del Programa Integración Agricultura Industria de la Universidad Autónoma Chapingo. Se contó con el financiamiento del Fondo Sectorial SAGARPA-CONACYT.
Cultura Orgánica es otra publicación de Editorial Agrosíntesis, un grupo pionero en el mercado editorial con más de 33 años de experiencia y liderato en el sector agrícola y ganadero de nuestro país y con 6 publicaciones dirigidas a más de 40,000 suscriptores en todas las areás del campo mexicano, consideramos que este proyecto es de gran utilidad para ayudar al desarrollo del mercado orgánico en nuestro país.
De acuerdo con Lernoud y Fonseca (2004) [4], la certificación orgánica participativa, la certificación alternativa, o los sistemas participativos de garantía como los denomina la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM) se diferencian de la certificación de tercera parte o de agencias con que cumplen con las normas orgánicas, pero mantienen procedimientos de verificación simples, mínima burocracia, costos mínimos y normalmente incluyen un proceso educacional y control social que involucra a los actores de la cadena productiva (productores y consumidores). Esta forma de certificación no tiene un costo directo al productor, tiene características distintas a los sistemas internos de control (SIC) y no tiene como meta la exportación de los productos.
Los productos orgánicos son aquellos producidos sin pesticidas ni agroquímicos de síntesis y que son controlados en toda la cadena productiva, de tal forma que garantiza resultar en alimentos sanos para el consumidor y con grandes beneficios al medio ambiente antes, durante y después de su producción.
Los sistemas de producción y procesamiento orgánicos, permiten la conservación y mejoramiento de los recursos naturales, tales como agua, suelo, aire, biodiversidad, etc. Se basan en normas de producción específicas y precisas cuya finalidad es lograr agroecosistemas óptimos, que sean sostenibles desde el punto de vista social, ecológico y económico.
Artículo 1.- La presente Ley es de orden público y de interés social y tiene por objeto:
I. Promover y regular los criterios y/o requisitos para la conversión, producción, procesamiento, elaboración, preparación, acondicionamiento, almacenamiento, identificación, empaque, etiquetado, distribución, transporte, comercialización, verificación y certificación de productos producidos orgánicamente;
II. Establecer las prácticas a que deberán sujetarse las materias primas, productos intermedios, productos terminados y subproductos en estado natural, semiprocesados o procesados que hayan sido obtenidos con respeto al medio ambiente y cumpliendo con criterios de sustentabilidad;
III. Promover que en los métodos de producción orgánica se incorporen elementos que contribuyan a que este sector se desarrolle sustentado en el principio de justicia social;
El papel de México como abastecedor de productos orgánicos en el mercado mundial se limita a tres clases: productos tropicales que no se cultivan en los países desarrollados (café, cacao, mango, plátano, vainilla, etcétera); hortalizas de invierno cuando por cuestiones climáticas los países de clima templado tienen un faltante temporal, y productos que requieren mucha mano de obra (como el ajonjolí). En fin, la producción orgánica de México complementa la de los países desarrollados con productos que no se producen en esas naciones. Sin embargo, la exportación también se dirige a los países que tienen los mercados más desarrollados y han experimentado las mayores tasas de crecimiento en la superficie y producción orgánica en busca de la autosuficiencia, al menos en los productos que les es posible producir (granos, hortalizas en verano, ganadería, procesados).
El dinámico y atractivo mercado de los alimentos orgánicos ha estimulado mucho la reconversión de la agricultura convencional hacia la orgánica. Aunque ésta existe desde el decenio de los años veinte y en los setenta se elaboraron las primeras normas para su producción, no fue sino hasta los noventa cuando empezó a despegar. Más de 80% de la actual superficie orgánica se incorporó a este sistema a partir de los últimos años 10 años del pasado siglo. Este lento despegue se debe a los fuertes apoyos políticos y económicos a la agricultura convencional, la subestimación de las consecuencias negativas de la agricultura intensiva en el uso de químicos y la negación casi generalizada de opciones para la producción convencional.
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